La campaña digital contra Argentina en el Mundial: la articulación entre algoritmos y odio

Durante el desarrollo de la cita mundialista, la Argentina fue objeto de una ofensiva masiva en redes sociales que articuló acusaciones de racismo, tensiones geopolíticas y elementos de la economía de la atención propia de las plataformas digitales.

Lo registrado durante la competencia no respondió a una maniobra lineal, sino a la agregación de encuadres discursivos que buscaron impugnar la identidad cultural del país. Las motivaciones mostraron una notable consonancia con agendas del debate público estadounidense (particularmente de sectores progresistas vinculados al Partido Demócrata), registrando intervenciones de figuras como el alcalde neoyorquino Zohran Mamdani, una representante del Estado de Texas y personalidades de la industria cultural.

Cuatro ejes para un mismo dispositivo discursivo

La participación de la selección nacional operó como el catalizador de un fenómeno de alcance geopolítico, en consonancia con las dinámicas de soft power que históricamente han atravesado la proyección internacional del país. Un relevamiento cuantitativo de la consultora Ad Hoc identificó cuatro narrativas dominantes en el entorno digital, con un volumen de 2.600.000 menciones directas que validaron o amplificaron estos encuadres durante el torneo:

  1. La categorización de la Argentina como un país racista.
  2. La politización del vínculo con el Estado de Israel, asociado a la figura del presidente Javier Milei.
  3. La imputación de deshonestidad deportiva bajo la noción del “Mundial arreglado”.
  4. La existencia de una campaña anti-Argentina, con caracterizaciones estigmatizantes sobre los argentinos.

El racismo: la extrapolación de categorías del debate anglosajón

El eje centrado en las acusaciones de racismo se apalancó en figuras públicas estadounidenses que trasladaron sus propias categorías raciales a la matriz histórica argentina. Este procedimiento cuenta con antecedentes: durante el Mundial de Qatar 2022, el diario The Washington Post publicó un artículo donde cuestionaba la ausencia de futbolistas afrodescendientes en el plantel nacional, analizando la demografía local desde esquemas propios del contexto norteamericano.

En esta oportunidad, actores como Samuel L. Jackson difundieron publicaciones en redes sociales para calificar al país como un entorno racista. Dicha narrativa soslaya las profundas diferencias entre los procesos de integración latinoamericanos y la historia de segregación institucional de los Estados Unidos (donde incluso los criterios de adscripción racial forman parte de los registros académicos y donde la población hispanoamericana es clasificada bajo la categoría sociodemográfica de “latina).

Según las métricas del estudio, la conversación sobre este eje se intensificó progresivamente: 80.000 menciones en el encuentro frente a Cabo Verde, 140.000 ante Egipto (donde se imputaron conductas discriminatorias que no se ven en ninguna de lasmás de 40 cámaras que grababan el encuentro), 160.000 frente a Inglaterra y 100.000 ante España, alcanzando un acumulado de 826.000 menciones.

Las otras narrativas

La narrativa vinculada al Estado de Israel asoció el alineamiento internacional de la gestión de Javier Milei con la totalidad del país. Esta conversación alcanzó más de 750 mil menciones, registrando picos con el pedido de un ministro israelí a Milei de “traer la cuarta copa”, con la exhibición de una bandera de Israel durante un partido con Egipto y con el apoyo de un funcionario de Israel al reclamo de la Argentina por Malvinas. Figuras del ámbito cultural como el actor español Javier Bardem se manifestaron en contra (quien luego ofreció disculpas y diferenció a la administración del conjunto de la ciudadanía).

Por su parte, la narrativa del “Mundial arreglado” acumuló 688.000 menciones, con la mayor densidad de tráfico concentrada en los cruces frente a Egipto e Inglaterra. En paralelo, la animadversión contra el país con caracterizaciones estigmatizantes (que incluyó episodios de alta exposición mediática con artistas internacionales como Rosalía, quien debió salir a aclarar que no había sido intencional) registró 379 mil intervenciones. En conjunto, este ecosistema digital generó una caja de resonancia donde los cuestionamientos externos y las respuestas defensivas de los usuarios locales retroalimentaron la polarización.

La economía de la polarización en el entorno digital

La investigación en comunicación digital de Ad Hoc demuestra de manera consistente que los contenidos agresivos e hiperpolarizados registran tasas de interacción superiores, incrementando el tiempo de permanencia del usuario en pantalla. Esta dinámica resulta enteramente funcional al modelo de negocios de las plataformas tecnológicas, cuyos algoritmos priorizan la inducción de la indignación para monetizar la atención.

No obstante, las dinámicas de confrontación amplificadas en el plano digital suelen contrastar con la realidad de los intercambios socioculturales directos con personas de los países que parecen odiarnos. El fenómeno evidencia cómo la arquitectura de las redes sociales es capaz de diseñar rivalidades artificiales, transformando estos eventos en escenarios de disputa.

 

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