El carnicero homicida, candidato a Concejal: Jurado "popular", ¿es justicia?

El 13 de septiembre de 2016, en Zárate, dos jóvenes asaltaron una carnicería. Huyeron en una moto. El carnicero asaltado los persiguió con su auto, los alcanzó y los atropelló. Murió atropellado Brian Gonzalez, de 24 años. El carnicero es Daniel Oyarzún.

Un “Jurado Popular” lo encontró inocente. Ahora es candidato a Concejal de Zárate por “Cambiemos” –perdón, “Juntos por el Cambio” como ahora, Pichetto mediante, se llaman.

Durante la instrucción de la causa, Oyarzún fue considerado “un hombre impulsivo” que en el momento en el que atropelló y mató con su auto a Brian González, lo hizo “con plena conciencia” de lo que estaba haciendo” por la psiquiatra que lo examinó, y así lo declaró en el juicio.

Curiosamente, Brian Gonzalez, el fallecido, había sido acusado de matar, tres meses antes, el 24 de Junio de 2016, a otro ladrón, uno que había asaltado a un hermano de Brian, el que el 13 de septiembre de 2016 asaltó al carnicero Oyarzún.

La hermana de Brian Gonzalez, el ladrón fallecido es oficial de la Policía Bonaerense.

El robo a Oyarzún, está probado. La muerte de Brian, a manos de Oyarzún, está probada. No hay pruebas de que el robo hubiera sido a mano armada: no las vio Oyarzún cuando lo asaltaron, no se encontraron armas en manos de González, el otro ladrón huyo y no hay información de que hubiera sido encontrado.

Con el código penal en la mano, matar a alguien que sin armas está escapando no es legítima defensa, es homicidio simple.
Sin embargo, Oyarzun fue declarado “no culpable” por el Jurado Popular, porque primó la idea de que “defendió lo que era suyo”.

Los datos que he aportado, de fuentes diversas, muestran muertes sucesivas, un personaje que de homicida se transforma en víctima de homicidio, que a su vez es hermano de quien debe reprimir homicidios. Otro personaje que mata por un robo pequeño, y finalmente un actor institucional que legitima el homicidio porque el homicida defiende su propiedad…

Ese último actor es el “jurado popular” y sirve para preguntarse si esta institución, incorporada a la Constitución hace más de ciento sesenta años, tomada de la Constitución de los Estados Unidos, es realmente un instrumento de administración de justicia.

La justicia, ha sido definida por Aristóteles hace más de dos mil años en su célebre libro “Ética Nicomaquea”. Se acostumbra a citar a Aristóteles diciendo que él definió a la justicia como “dar a cada cual lo suyo”. Desde esa definición, podría interpretarse que Oyarzún “fue por lo suyo” (como dijo su hermano) y es “justo lo que hizo”.

Pero no es verdad. Nunca escribió Aristóteles que justicia es “dar a cada cual lo suyo”, esa es una interpretación que se ha hecho de lo que realmente escribió Aristóteles.

Aristóteles escribió que “Llamamos justo lo que realmente produce y protege la felicidad y sus elementos en la comunidad política” y también escribió Aristóteles que “De la justicia en particular y de lo justo según ella, una forma tiene lugar en las distribuciones de honores o de riquezas o de otras cosas que puedan repartirse entre los miembros de la república”.

La circulación de la muerte, ciertamente, no protege la felicidad de nadie, y la desigualdad que hace que algunos tengan mucho, Muchos tengan poco y muchos más no tengan nada, nada tiene que ver con la justa distribución de riquezas entre los miembros de la república, de la que nos habla Aristóteles.

El Juicio por Jurados no es más que una institución destinada a engañar a la gente con una parodia de justicia, que de justicia no tiene nada.

Pero no es todo.

La candidatura que ha premiado al homicida, me lleva a otro tema, y es la utilización política que se hace de la muerte, máxima expresión de la “mano dura”, el punitivismo demagógico.

El Juicio por Jurados es el complemento ideal del “Punitivismo Demagógico”, como lo ha demostrado el caso de la muerte de Brian Gonzalez (24 años) a manos de Daniel Oyarzún (37 años).

En un hermoso libro, “En Busca de la Política”, Zygmunt Bauman explicó como el punitivismo demagógico, es la “llave mágica” que abre a los políticos la gran puerta que les permite ingresar al espacio público. Escribió Bauman en 1999, refiriéndose a Estados Unidos “Para los políticos actuales, o aspirantes, el fortalecimiento de la pena de muerte es el billete ganador de la lotería de la popularidad. Inversamente, la oposición a la pena capital implica el suicidio político”.

Lo que se ha aplicado en el juicio a Oyarzún por la muerte de Brian Gonzalez fue la legitimación de la pena de muerte –aplicada por Oyarzún a Gonzalez- por causa del robo, y tal “carta de presentación” le sirvió a Oyarzun para … ¡ingresar en la política!

Relata Bauman en su libro como el caso de un violador, llamado Willie Horton, quien gozando de una salida transitoria violó a una mujer, mientras Michel Dukakis era Gobernador de Massascussets, fue usado por George Bush (Padre) en la campaña electoral presidencial para destrozar a Dukakis.

Bush padre fue presidente, Dukakis, candidato demócrata, perdió por ser opositor a la pena de muerte.

Pero cuatro años más tarde, Bill Clinton, demócrata pocos meses antes de ser candidato a Presidente, autorizó la ejecución de un retardado Ricky Ray Rector, siendo Clinton Gobernador de Arkansas. “Algunos comentaristas creen que, tal como Horton le hizo perder la elección a Dukakis, Rector se la hizo ganar a Clinton”.

La circulación de la muerte

Mutatis mutandi, en un caso más modesto, -Oyarzún no es candidato a Presidente, va por una concejalía- el único pergamino de Oyarzún es haber matado a un hombre por un pequeño robo. Y le abrió las puertas de la política.

Hay otros casos en esta campaña, también relacionados con la circulación de la muerte: Carolina Píparo, María Luján Rey, casos que seguramente el lector conocerá.

Con el Juicio por Jurados, no estamos todavía “completos” en cuanto a la elaboración del “paquete” que permita la utilización de la violencia punitiva como carta de triunfo en la política.

Falta, la elección popular de los jueces, algo que permitiría una suerte de “campeonato de la crueldad” y la injusticia como carta de triunfo electoral.

Lamentablemente, muchos, seriamente afectados por el virus infantil del democratismo vacuo, son partidarios de la elección popular de jueces. No se dan cuenta de que llevan con esta idea el “huevo de la serpiente”.

Muchos de ellos, convencidos militantes de partidos populares… capturados por estrategias discursivas de sus oponentes oligárquicos que ven un delincuente en cada pobre… porque es a ellos a quien se les aplica la violencia punitiva.

Algo sobre lo que habría que reflexionar seriamente, antes de ceder al punitivismo a cambio de los votos…

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