En el campo de la Historia

El martes 6 de junio se cumplieron cincuenta años del inicio de una efímera pero muy valiosa y singular experiencia de gestión en el decanato del hoy Departamento de Agronomía de la Universidad Nacional del Sur, marcada por tiempos muy precisos: se extendió desde los primeros brotes de la breve primavera camporista y finalizó cuando los vándalos de la autodenominada Alianza Anticomunista Argentina comenzaron a asolar calles y aulas.

El mismo martes 6, el grupo de los entonces jóvenes profesionales y estudiantes que gestionaron la unidad académica se reunió en la actual sede del Centro Histórico Cultural de la UNS, en Rondeau 29 de Bahía Blanca, donde el Departamento funcionaba para 1973 (*). La institución y el país salían de siete años de las dictaduras lideradas por Juan Carlos Onganía y Alejandro Lanusse, pero lo que vendría sería aún peor: otros siete años sin democracia, y con terrorismo de Estado.

Aquellos docentes, estudiantes y no docentes de Agronomía serían perseguidos, bajo la acusación de “infiltración marxista”, y para reemplazarlos el Departamento aportaría a la historia del oprobio algunos nombres oscuros. Uno de ellos, el del rector interventor Julio Lucero. Otro, el de Osvaldo Fernández, que durante la dictadura regresó al decanato que ya había ocupado en la anterior. Un reciente funcionario de la UNS cometió la torpeza de reivindicar el nombre de Fernández en su discurso de asunción. Con el agravante de que lo hizo inmediatamente después de mencionar a David “Watu” Cilleruelo, dirigente estudiantil comunista asesinado por la AAA.

Terrenos fértiles

El encuentro del martes 6 hizo aflorar todos los recuerdos. En algunos casos, los protagonistas de aquella historia de 1973 no se veían desde el año siguiente, cuando la experiencia concluyó y la persecución de la Triple A obligó al grupo a dispersarse. Las voces comenzaron a llenar de recuerdos una de las viejas aulas de Agronomía.

“Hicimos cosas fuera de lo común, en poco tiempo. Cosas que quedaron en la memoria de muchos, sobre todo de muchos estudiantes”, dijo a El Ágora el ingeniero Lorenzo Ferretjans, electo decano por la asamblea de docentes, estudiantes y no docentes que se constituyó en el otoño de 1973. Cuando le llegó la noticia, Ferretjans –que había sido por años dirigente del club Universitario y luego de recibirse se radicó en Viedma- acababa de pasar varios días en Buenos Aires, participando de las actividades populares organizadas alrededor de la asunción de Cámpora. La nueva conducción departamental era peronista, pero no estaba encuadrada en una orgánica determinada. Por ello, militantes y no militantes confluyeron dentro del Departamento en una agrupación propia, el Frente Universitario Peronista de Agronomía.

Entre los puntos innovadores de su gestión, encabezando un comité plural, se cuenta la implementación de una materia de Introducción a la Agronomía. Proponía un vínculo directo y desde el primer año entre el estudiantado y el medio rural, para romper de ese modo con el modelo previo, de un cuerpo académico cerrado sobre sí mismo.

Para ello, el Departamento adquirió un vehículo, alquiló colectivos, programó viajes y estimuló prácticas académicas y trabajos voluntarios. Parte de ellos se volcaron sobre los campos de la UNS. El de San Adolfo permanecía abandonado y en Chasicó las brigadas voluntarias debieron levantar nuevamente los alambrados, obligar a los vecinos a retirar los animales que pastaban allí y diagramar nuevos usos de la tierra. El único que mantenía alguna actividad era el de Argerich, donde con la nueva gestión se instaló el ingeniero Juan Carlos Prádanos, que aportó sus conocimientos como especialista en fruticultura. Prádanos fue asesinado durante la dictadura y su nombre se incluyó entre los primeros en poblar el memorial recientemente inaugurado por la UNS en la sede de su Rectorado.

La gestión departamental coincidió y articuló con el paso de Guillermo Gallo Mendoza por el Ministerio de Asuntos Agrarios de la gobernación bonaerense de Oscar Bidegain. Gallo Mendoza –un destacado especialista, pionero en las temáticas de redistribución de la tierra y cambio climático- visitó la región junto a una comitiva y privilegió el contacto con los jóvenes universitarios del Departamento por sobre el gobierno municipal u otras representaciones. Con ellos recorrió la zona, comprobó la desertificación en los distritos al sur de Bahía Blanca y la ocupación de tierras fiscales por familias pobres en lo que desde esa época se llama Villa Miramar.

Ambos persisten como problemas recurrentes, pero ya entonces para cada uno el Ministerio de la provincia y el Departamento de la UNS habían pensado una solución: el riego con aguas del río Negro sobre 400 mil hectáreas, en un caso; y la regularización del dominio de las parcelas, en el otro. Ninguna pudo implementarse, porque tanto el gobierno de Bidegain como la gestión de Ferretjans fueron forzadas a cesar poco después. Como testigo de ese vínculo quedó el Parque Independencia, un espacio verde habitualmente subestimado sobre el que habían comenzado a practicar una política de embellecimiento por reforestación.

Los años oscuros

La renuncia de Bidegain representó la clausura de los proyectos juveniles, a manos de la ortodoxia sindical del ascendente Victorio Calabró. En la UNS hubo un movimiento similar, con el reemplazo en el Rectorado de la UNS de Víctor Benamo por Antonio Tridenti, que no era un peronista ortodoxo pero sí representaba un corrimiento hacia la moderación política.

Forzado por la voluntad de la asamblea departamental, Tridenti debió confirmar en el cargo a Ferretjans, pero cuando –tras la muerte de Juan Domingo Perón- el decano fue uno de los amenazados por la naciente AAA, ambos renunciaron. Tanto Ferretjans como sus colaboradores más estrechos sufrieron atentados de la organización criminal ultraderechista y debieron dejar Bahía Blanca y procurarse otras formas de sustento, en ocasiones sin vinculación con el ejercicio de sus títulos universitarios. Algunos integrantes del grupo trabajaron como docentes de nivel secundario en la localidad pampeana de Jacinto Arauz, donde luego serían secuestrados.

En marzo de 1976 comenzó la dictadura y el terrorismo de Estado se profundizó y sistematizó. Un trimestre después, el accionar represivo hizo foco específicamente en la UNS. Este mes traerá otro aniversario en tal sentido: el último día de aquel junio se produjo el primer secuestro de una serie que direccionó la persecución contra docentes universitarios, motivo de una reciente requisitoria de instrucción por parte de la Unidad Fiscal de derechos humanos bahiense.

Completando la tarea iniciada por el nazi rumano Remus Tetu durante su intervención de 1975, la dictadura encontró su blanco principal en los Departamentos de Economía y Humanidades.

Sin embargo, el de Agronomía no permaneció a salvo de la persecución y el ya ex decano Ferretjans fue incluido entre los “prófugos” cuando el 4 de agosto el general Adel Vilas y el subcomisario Félix Alais montaron un show mediático y en conferencia de prensa presentaron a la UNS como una “usina subversiva”. Contaron para ello con el apoyo del Juzgado Federal a cargo de Guillermo Madueño, que abrió una causa penal contra las y los docentes por “infiltración ideológica marxista”.

Cinco días más tarde, La Nueva Provincia anticipaba el nombre del nuevo rector de la UNS. Podía saberlo porque no había surgido de elecciones, sino de la decisión dictatorial. El ingeniero agrónomo Lucero, expresión máxima en contra del proyecto heterodoxo desplegado poco antes en su Departamento, sería el primer civil designado por las Fuerzas Armadas en la UNS en ese lapso.

Lucero asumió el 30 de agosto. Cuatro días antes su antecesor, el capitán de navío Raúl González, había ordenado destruir casi dos centenares de volúmenes del acervo bibliográfico de la institución. Poco después, el ingeniero agrónomo emitió otra resolución para enmendar un olvido del marino y amplió los efectos de la orden a los anaqueles de las escuelas preuniversitarias de la UNS.

Después de la reforestación de la primavera previa, los tiempos que la interrumpieron únicamente dejarían tierra arrasada.


(*) La foto principal de esta nota ilustra el reencuentro del martes 6. Junto a Alejandra Santucho, referente de la regional de H.I.J.O.S., aparecen:

Arriba: Héctor di Carli, Daniel Álvarez, Carlos Samprón, Susana García, Julián Álvarez, Juan Ramón López y Oscar Tassara.

Abajo: Javier Gallo Mendoza (hijo de Guillermo, ex ministro de Asuntos Agrarios provincial), Armando Lauretti (secretario académico del Departamento en 1973-74), Jorge Ortiz y Lorenzo Ferretjans.

Al encuentro también asistió Hugo Ziliani, trabajador no docente y militante sindical de entonces.

 

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