Comer en la Universidad Nacional del Sur

El miércoles 21, el Consejo Superior de la Universidad Nacional del Sur aprobó por unanimidad un proyecto del Rectorado para adecuar a las necesidades de esta época la asignación de becas completas de almuerzos y cenas sin costo en el Comedor Universitario, que además ofrece –siempre de lunes a viernes- un menú estudiantil a precio subsidiado y otras alternativas para un promedio de 1200 comensales por día.

Con el nuevo programa, desde agosto dejará de existir un periodo específico para solicitar el beneficio y se pasará a un esquema de apertura permanente del registro, con cortes cada quincena y la sucesiva evaluación de trabajadoras sociales y el consejo asesor de la Secretaría General de Bienestar Universitario, integrado por todas las listas con representación en el Consejo Superior de la UNS, cuerpo que a su vez tendrá la consideración final. La Secretaría, a cargo de Diana Sánchez, elaboró el proyecto aprobado el miércoles.

La nueva resolución también limita los requisitos académicos para acceder a la beca completa de Comedor, que incluye cinco almuerzos y otras tantas cenas, siempre sin costo. Hasta el momento, se requería reunir una suma de puntos equivalentes a la aprobación de tres materias, la mitad de las generalmente previstas en un año académico estándar. Una exigencia alta para quien debiera, por ejemplo, financiar sus estudios trabajando.

Lo muestran las estadísticas de la UNS, que revelan que los tiempos previstos en los planes de estudio estipulados no suelen cumplirse. No ocurre sólo en Bahía Blanca, y por ello ese eje es uno de los siete puntos que la Secretaría de Políticas Universitarias promovió como basales del sector para los próximos años. Los últimos datos ya recogidos y procesados de rendimiento académico en la UNS corresponden a 2021 y marcan que se elaboraron casi 70 mil actas de cursado en primer intento y poco menos de 25 mil para recursantes en dos o más.

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De las poco menos de 100 mil actas de cursado de ese año, sólo 48.027 registraron éxitos para el primer intento. Es imposible adjudicar tal número sólo al mérito. Por el contrario, aún siendo focalizadas e incipientes, experiencias de acompañamiento como las Becas de Solidaridad Intergeneracional del Departamento de Economía de la propia UNS muestran que el avance se consolida cuando se facilita una dedicación exclusiva al estudio.

El debate distributivo

Hasta la votación en el Consejo Superior del miércoles 21, el requisito para obtener o renovar una beca completa de Comedor en la UNS era el mismo que para acceder o mantener un alojamiento gratuito en sus residencias. La desproporción resultaba evidente. Mucho más cuando, sin beca de por medio, el menú del día del Comedor Universitario es subsidiado por la UNS y eso permite que las y los estudiantes accedan a él acreditando condiciones mucho más laxas. Almorzar y cenar en el Comedor abonando el precio del menú estudiantil demanda alrededor de 14 mil pesos mensuales, un valor que no se compara con alquiler alguno en Bahía Blanca.

La recepción permanente de solicitudes, que se aprobó el miércoles y se implementará desde agosto, resulta más acorde a un régimen de alta inflación, que golpea con velocidad semanal al rubro de alimentos. El último índice conocido en Bahía Blanca marcó un incremento mensual superior al 6%. Si bien esta vez su alza se ubicó por debajo de la de la canasta básica total, que incorpora otros ítems y marca el límite entre indigencia y pobreza, la alimentaria continúa siendo la de mayor porcentual acumulado desde enero y también la de más alta variación interanual: 116%.

En tales circunstancias, la necesidad alimentaria de las y los estudiantes puede aparecer o incrementarse de un mes a otro, marcando la diferencia entre continuar carreras o no poder hacerlo, una variable que el nuevo esquema de asignación apunta a atenuar.

El Consejo Superior había recibido la inquietud en los primeros días de junio a partir de un proyecto estudiantil que reclamaba la universalización del acceso gratuito al menú básico, pero sin distinguir su condición socioeconómica u otras formas de vulnerabilidad.

La propuesta reconocía el problema pero no advertía que el mundo académico estatal continúa siendo –pese a los avances de la primera década y media del siglo- lo que se conceptualiza como “pro-rico”. Un espacio hegemonizado por las clases medias y medias altas, donde todo beneficio universal resulta en la práctica regresivo.

La situación es más notoria en momentos como el actual, en que la inflación y la distorsión de precios se combinan con otros factores, como los presupuestarios. Por derivación del escenario nacional, en dos ejercicios la UNS debió funcionar con presupuesto de prórroga, cuya fórmula repite la pauta del año previo con el anexo de un 30% calculado sobre ella. La diferencia entre incremento presupuestario e inflación hizo que la UNS mantuviera en términos reales la inversión, pero incluso así debiera reducir el número de becarias y becarios.

En el caso del Comedor, a las becas completas de almuerzos y cenas se agrega que el menú del día –que incluye plato principal, ensalada, bebida y fruta- es subsidiado universalmente para la comunidad estudiantil, bajo requisitos académicos mínimos.

En la práctica, esa política continúa siendo la de mayor inversión dentro de las becas de la UNS. Es una tendencia general entre las Universidades, pero su impacto redistributivo es azaroso: estudiantes de diverso poder adquisitivo pueden comprar al mismo precio, contenido por la inversión pública.

No es un debate fácil de abrir, en una ciudad con amplios sectores de la población desprotegidos, diez mil personas bajo la línea de indigencia y programas de cobijo a la minoridad que pagan mal y tarde. No obstante, la idea de subsanar con presupuesto universitario la ausencia de otros resortes del Estado, que deberían generar trabajo o brindar asistencia a quienes no cuentan con uno, tiende a alejarse del problema de fondo y acaba por asegurar también una distribución regresiva.

La confusión es histórica. Todavía hoy se sigue repitiendo que el Cordobazo, del que acaban de cumplirse 54 años, estalló por un aumento del menú estudiantil del comedor universitario local. No fue así, como explicó Rodolfo Walsh en el Semanario CGT en el mismo 1969, del mismo modo que las protestas en Chile de 2019 y 2020 no pueden reducirse al malestar por un aumento del boleto de transporte público.

Los detonantes de fondo son mucho más profundos, y obedecen a pujas distributivas de largo desarrollo que no siempre se plasman en un precio más caro o más barato de un menú o un pasaje. En el caso de la UNS, en las últimas semanas se rozó por primera vez la discusión en torno a qué es lo verdaderamente redistributivo, en un contexto como el actual.

Durante la misma sesión del Consejo Superior del miércoles 21 se aprobó, también por unanimidad, otro proyecto sobre el Comedor: convertido ya en resolución, a partir de marzo de 2024 relajará los requisitos académicos no para las becas completas sino para el acceso al menú estudiantil, que es pago pero subsidiado por la UNS.

El carácter redistributivo de ese proyecto es más dudoso, porque no contempló la evaluación de vulnerabilidad en el acceso a un beneficio innominado y subsidiado con inversión pública.

De todos modos, es altamente probable que su implementación resulte inocua: la resolución que reforma ya contemplaba el mecanismo de excepciones, y en lo que va de 2023 sólo se solicitaron cuatro.

 

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