• 5 de julio de 2022

“Mi vida luego del secuestro fue muy dura. Me mandaban a México los recortes de los amigos que iban muriendo”

Este jueves 21 de abril, luego de una semana sin audiencias por el feriado de Semana Santa, se llevó adelante la novena audiencia del Juicio por Delitos de Lesa Humanidad que se realiza en Bahía Blanca, la llamada Megacausa Zona 5, que juzga a 38 imputados por 333 víctimas.

Gustavo Partnoy, único testigo de la jornada de este jueves en el Juicio de Lesa Humanidad, le contó al Tribunal, luego de 46 años, los padecimientos sufridos durante su secuestro, cuando contaba con sólo 16 años de edad.

Cabe recordar que la mayoría de los acusados son integrantes del V Cuerpo, entre ellos un médico y un enfermero del Ejército pero también se juzga a 2 oficiales de la Policía Federal de Viedma, a uno de la Policía bonaerense y al director de la Unidad Penitenciaria Nº 4 de Bahía Blanca.

Se retomaron las audiencias tras Semana Santa

Esta jueves, los jueces Ernesto Sebastián, Marcos Aguerrido y Sebastian Foglia le tomaron declaración solamente a un testigo, y el resto de la audiencia, fue utilizado para la declaración indagatoria de uno de los reos acusados que pidió declarar de manera presencial.

En esta ocasión, en la sede del TOF donde se realiza el juicio, en calles Chiclana y Lavalle, se hallaban todas las querellas de manera presencial: por la subsecretaria de DDHH bonaerense viajaron las Dras. Verónica Bogliano y Alejandra García, y por parte de la Secretaria de DDHH de la Nación e H.I.J.O.S., la Dra. Mónica Fernández Avello.

También por el Ministerio Publico Fiscal, además de estar presentes los fiscales Pablo Fermento y Paula Molini, viajó para asistir de manera presencial, el fiscal Miguel Palazzani.

Un infierno a los 16 años

Gustavo Partnoy fue la única víctima del Terrorismo de Estado que declaró en esta audiencia. Durante su intervención contó que al momento de ser secuestrado junto a su padre José contaba con apenas 16 años de edad.

Gustavo ya se había tenido que ir de Bahía blanca porque era perseguido junto con su familia. Su madre había sido cesanteada de la Universidad Nacional del Sur por el rector-interventor, Remus Tetu -una de las cabezas de la Triple A bahiense-, y él que había tenido participación estudiantil en la Unión de Estudiantes Secundarios, también estaba amenazado.

Gustavo Partnoy

Al regresar a Bahía a visitar a su familia durante las vacaciones de invierno, más precisamente en julio de 1976, fue secuestrado junto a su padre, en un operativo violento. Se trató de un despliegue con gran cantidad de efectivos, que copan la casa de calle Soler al 300 abruptamente, aterrorizando a todos sus habitantes, incluyendolo a él de 16 años y su pequeña hermana Vanina de apenas unos meses, la cual no paraba de llorar.

Tras vendarles los ojos los cargan en un camión con destino al Comando del V Cuerpo de Ejército. Estuvieron en calabozos 3 días aproximadamente soportando vejámenes y maltratos y otro tanto en el gimnasio, donde ensayaba la banda del V Cuerpo, junto a una treintena de personas mas.

Luego de una semana en ese lugar, les realizan un simulacro de liberación, algo que era habitual que se les hiciera a los secuestrados. Los sacan del comando, los llevan hasta algún lugar, los dejan y rápidamente los levanta otro auto, para ser llevados al Centro Clandestino de Detención Tortura y Extermino “La Escuelita”.

Allí vendado y esposado a una cucheta, puede escuchar las penurias de otros secuestrados, que pedían ayuda, remedios y hasta relató como una mujer a la que llamaban Zulema era acosada sexualmente por los captores. Narró las tremendas condiciones que tuvo que soportar allí en el Centro Clandestino, para comer, ir al baño y en el interrogatorio.

Luego de una semana en ese Centro Clandestino, fueron liberados en calle Sarmiento a la altura de “Ojo en la Ruta” en altos del Palihue. “Fue un shock sacarse las vendas. Un mareo tremendo después de tanto tiempo vendados” expresó

Después de eso -le contó Gustavo al Tribunal- su vida fue muy complicada: “Andaba como bola sin manija” dijo. Se volvió a San Juan, a vivir a una pensión y su madre se exilio en México, por lo que quedó sólo con la ayuda de algunas familias conocidas. En la pensión también fue allanado e interrogado, hasta que su familia pudo sacarlo del país y lo mandaron a México con su madre.

Allí recibía las noticias de las desapariciones de sus amigos bahienses, y eso era tremendamente traumático y angustiante para él.

Ésta se trató de la primera vez que Gustavo pudo declarar ante un Tribunal lo que el Terrorismo de Estado le hizo padecer a él y su familia, con escasos 16 años de edad.

Mucho show y poco contenido

Luego de un cuarto intermedio, el Tribunal procedió a tomar declaración indagatoria al imputado Claudio Kussman, un ex policía de la Provincia de Buenos Aires que lo hizo de manera presencial.

Kussman integró la Policía del genocida Etchecolatz y comparten un frondoso prontuario, antes, durante y luego de la dictadura genocida. Se encuentra acusado de secuestros y torturas de varios militantes y del secuestro, incluyendo la tortura y el homicidio con alevosía de Daniel Bombara, el primer desaparecido bahiense.

Kussman es conocido por su estilo provocativo e histriónico. Durante su declaración, que superó las 4 horas, respondió muy poco sobre los delitos que se le imputan.

Tampoco expresó nada novedoso a lo ya declarado en instrucción, o incluso a lo que publica en una pagina web de su propiedad, por lo que el tiempo de su indagatoria podría decir que poco aporta al proceso judicial en marcha, sino es como una muestra más de la incapacidad de argumentar en contra de los delitos de los que se lo acusa.

Con excesiva tolerancia, el Tribunal le permitió sin embargo desarrollar hasta seis veces los mismos conceptos, haciendo un uso absoluto de su derecho a la defensa, en desmedro del derecho más general y objetivo del proceso: obtener un atisbo de justicia a 46 años de un Genocidio, en el que él mismo está acusado como partícipe, un tema fundamental que no suele ser parte de sus declaraciones en caracter de indagatoria.

En la próxima audiencia continuarán las chicanas dilatoria de Kussman, recurso al que pareciera que puede apelar a gusto para dilatar el proceso, no sea que el Tribunal advierta la situación y ponga las cosas en su lugar.

Impunidad que se hace sentir

Un párrafo aparte merece el episodio que tuvo como protagonista a una persona del público, que luego de escuchar los desvaríos de Kussman, y de interrumpir dos veces la audiencia, se abalanzó sobre el acusado arrojándole una cadenita con una cruz.

El reducido espacio que tiene la sede del TOF, y la no previsión de este tipo de episodios por parte de las autoridades del proceso, facilitan este tipo de reacciones, donde conviven victimas y victimarios a escasos centímetros de distancia, con mas de 45 años de impunidad y falta de reparación hacia las víctimas.

Sentados unxs al lado de otrxs, se encontraban, familiares del reo, junto a familiares de las victimas torturadas, asesinadas y desaparecidas.

En los 7 juicios transitados en la ciudad, en la sede del Rectorado de la Universidad Nacional del Sur en Av. Colón 80 , nunca sucedió nada parecido.

Es la primera vez que ocurre un episodio de esta naturaleza, y lamentablemente, con la experiencia que nos avala, no nos sorprende, por las condiciones en que se realizan las audiencias y que la querella había advertido lo inconveniente del lugar.

Audiencia 9 (21 de abril de 2022)

¿Cuando siguen las audiencias?

La próxima audiencia será llevada adelante el día 28, desde las 9 hs donde continuará la puesta en escena de Kussman nuevamente.

Mientras tanto, lejos quedó el acuerdo realizado por todas las partes, en las audiencias preliminares de tener, al menos, 6 testimonios por jornada. A este ritmo, estamos ante un juicio que tendrá seguramente una duración récord, perpetuando la impunidad para muchos de los reos acusados que difícilmente lleguen al final del juicio.

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