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jueves, enero 26, 2023

Secuestro y asesinato de Juan Carlos Pradanos: “Mi mama siempre tuvo en claro la responsabilidad del Ejercito”

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En el marco de la Megacausa Zona 5, este jueves 1 de diciembre se realizó la audiencia número 40 del juicio por delitos de lesa Humanidad, donde se juzgan 37 imputados por 333 compañerxs víctimas de la dictadura genocida.

En esta oportunidad declararon cinco testigos-víctimas de esta causa. Se refirieron, en primer lugar, a los casos de Juan Carlos Pradanos y Daniel Riganti, dos ingenieros asesinados, que entre otras actividades, eran docentes de la UNS. También fueron tratados los hechos que tuvieron como víctimas del terrorismo de Estado a Mario Dalhoff y Carlos Domínguez, vecinos de Bahía Blanca y Viedma.

Los jueces del Tribunal Oral, compuesto por Ernesto Sebastián, Marcos Aguerrido y Sebastián Foglia. dieron a conocer que la semana próxima debido al feriado no habrá audiencia, quedando las últimas dos jornadas antes de la feria judicial de enero para los días 15 y 22 de diciembre, donde se cerrará el año en este debate, retomando el día 9 de febrero de 2023.

Secuestro de Pradanos y Riganti

La primera en declarar de manera presencial, fue María de los Ángeles Pradanos, hija de Juan Carlos Pradanos de 44 años, quien fue secuestrado junto a otro ingeniero y profesor de la Universidad Nacional de Sur, Daniel Riganti, en marzo de 1976 de sus respectivos domicilios en Bahía Blanca.

Juan Carlos Radanos y Daniel Riganti

Pradanos trabajaba en el Departamento de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Sur y en la delegación de Hilario Ascasubi del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria).

Junto a su pareja Mercedes vivían la localidad del partido de Villarino y tenían cinco hijas e hijos. María de los Ángeles tenía 5 años al momento del secuestro de su padre. El resto de los hermanos tenían entre 1 y 6 años.

Por su parte, Riganti trabajaba como docente de la UNS y en la empresa PROA S.C.A. estaba casado y era padre de 2 niños.

En la madrugada del 21 de marzo de 1976, Riganti fue secuestrado por un grupo de siete personas que ingresaron en el domicilio de la familia, en Mitre al 300 con mucha violencia.

Aquella madrugada, también se concretó el secuestro de Juan Carlos Pradanos, en el domicilio de su madre ubicado en Darwin al 600 de Bahía Blanca, mediante un gran operativo.

Esa noche los vecinos escucharon movimiento de vehículos y voces:

“Una vecina dijo que sacaron a un hombre semidesnudo. Pensamos que ya estaría acostado o estaba pronto a dormir. Era la una y media de la madrugada del 21 de marzo” relató la testigo.

Al no volver al campo, su esposa comienza a averiguar y preguntar a conocidos y allegados por Pradanos y el 25 de marzo, va a Bahía Blanca y realiza la denuncia: “Ahí empezó la procesión de búsqueda”.

“Bentivegna al mes cerró la investigación”

Al llegar al domicilio pudieron comprobar que además de secuestrar a su padre, habían saqueado la casa, como habitualmente sucedía: “dejaron todo revuelto y robaron».

«Se llevaron las cadenitas de oro, los anillitos, electrodomésticos, máquinas de afeitar… eso también quedo en la denuncia”, detalló.

Refiriéndose a la denuncia hecha por su familia por dar con el paradero de su padre, Ángeles dijo que:

“El juez (Francisco) Bentivegna, que tomaba estos casos, al mes cerraba la investigación. Yo no se si hacia una investigación, o era cómplice, o como acallaba semejante situación: Secuestro, robo, desaparición de persona… ¿qué averiguación hacia?”.

Ante la inacción de la justicia, eran las familias las que salían a buscar a sus desaparecidos. Su madre recorrió con sus 5 hijos, comisarias, dependencias y hasta tuvo una reunión con el jefe del V Cuerpo de Ejército, René Azpitarte. El resto de su familia, desde otros lugares realizaron también múltiples gestiones, sin resultados.

Osvaldo René Azpitarte

La aparición de los cuerpos

“Mi mama siempre tuvo en claro la responsabilidad del Ejercito y hubo gente que dijo que esa noche actuó la federal» cuenta.

Alguien del Ejército le dijo “a lo mejor al año aparece” y dicho y hecho, en marzo del 77 le entregan un anónimo a la señora de Riganti con todas las precisiones: «su esposo fue enterrado en La Adela con otro Ingeniero”.

Los cuerpos de ambas víctimas habían sido encontrados por baqueanos de la zona, acribillados y torturados y fueron enterrados en el cementerio de La Adela como NN sin ningún tipo de identificación.

Al respecto reflexiona:

“Por eso la información de que los íbamos a encontrar ahí, vino de los mismos que lo habían hecho” refiriéndose a los anónimos, que cumplían con la predicción que al año iban a aparecer.

Como corolario de la perversidad de los perpetradores, Ángeles relata que en el momento que estaban enterrando a su padre, dejaron anónimos en casa de su abuela y de la familia Riganti que decían:

“Señora Pradanos a su marido lo matamos por error. Este es el precio que se paga en la guerra… quienes queremos a la patria…”

“Los únicos que sabían que estábamos enterrando a mi papa era el Ejercito” puntualizó la testigo.

“La causa dio muchas vueltas, porque los cuerpos aparecieron en La Pampa” explica la declarante, reconociendo la labor del Movimiento de Derechos Humanos pampeano, que impulsaron tempranamente la investigación por “Los masacrados de La Adela”, como los denominaban, y destaca que entiende que existiría alguna disputa política ya que “le tiraron los cuerpos a la gobernación de La Pampa”.

“Siempre estuve buscando la verdad”

Ángeles cuenta como toda su vida estuvo en busca de información para lograr llegar a toda la verdad de lo sucedido con su papa.

“Hable con un montón de gente, periodistas, abogados, investigadores, jueces. Además, como había sido antes del golpe de Estado, todo lo resumían como Triple A, cuando ya se sabía que Vilas había preparado los grupos para actuar” explicando así las complicaciones para avanzar con la causa.

Posteriormente la hija de Pradanos siguió investigando y buscando datos de gente que podría haber estado con su padre.

Claudio Collazos un ex detenido desaparecido secuestrado en los mismos días que su papa, le contó que “escuchó como torturaban a un profesor y le preguntaban qué hacía con sus alumnos, y algo de un campo” concluyendo que se trataría de su padre, que realizaba trabajos en el campo experimental de la UNS.

Para finalizar Ángeles expresa que su papá “era una persona muy comprometida con lo social».

«Agradezco que siempre nos vinieron con la verdad. Yo fui a su entierro y vi el cajón. Eso me ayudo a comprender que no iba a volver”.

Finalizó reflexionando sobre lo doloroso de las consecuencias familiares que tuvo la desaparición y asesinato de su padre:

“Nos afectó, por lo doloroso, lo difícil, pero si la familia no defiende a los que ya no están, que podemos esperar de la Justicia. Esto yo sé que es sanador y que me saco un peso de la espalda.”

Testigos de secuestros

Los dos testimonios siguientes también declararon como testigos de la causa Pradanos- Riganti aportando algunas precisiones sobre lo acontecido.

Liliana Albizu, era alumna de juan Carlos Pradanos, y parte del proyecto de Agronomía de la Universidad del Sur con el INTA, donde vivían transitoriamente junto a otros alumnos, en una casa que la UNS tenia en Ascasubi.

Luego de la desaparición de Pradanos, Albizu realizó la denuncia, junto con la familia Pradanos. Esto le costó persecución e integrar una lista negra que la excluía de cualquier trabajo donde se presentara. A raíz de esa situación, ya recibida, decide exiliarse del país junto a su pareja, retornando a la Argentina en el año 1984.

Marcelo Guerra, el tercer declarante, fue testigo casual del operativo realizado la noche del secuestro de Pradanos. Guerra que era alumno de la ENET N° 1, desde donde desaparecieron varios alumnos.

Regresaba de cursar en Chiclana al 900, cuando al llegar a calle Darwin, se topa con un operativo con numerosas personas y autos. Relata que le llamó mucho la atención, que algunos de los integrantes de la patota, se hallaban disfrazados, de indios, de cowboy.

“Eso me sacó de foco y me quedó siempre en la memoria”. Dos de esas personan lo paran, le piden documentos y lo dejan ir, diciéndole “corré para el otro lado, o te sacudo”. Al día siguiente pudo ver manchas de sangre en la vereda, que las atribuyen al operativo de secuestro.

Guerra también conoció a algunos de los alumnos secuestrados de la ENET entre diciembre de 1976 y enero de 1977, como Petersen, Voizuk e Iglesias.

“Petersen estaba en el servicio militar conmigo, y apareció un par de meses después- creo que, por atrás del cementerio, muy lastimado, psicológicamente destrozado, prácticamente no hable con él por el estado en que estaba, sin uñas, marcado de picana, flaco, destrozado, muy lastimado” agregó.

Posteriormente declaró vía zoom Georgina Maders testigo en el caso de la víctima Carlos Domínguez, quien fue secuestrado en abril de 1978 en Viedma junto a Carlos Gentile cuyo caso ya fue tratado en juicios anteriores y comprobado su secuestro y desaparición.

El hijo de la declarante, era muy amigo de Domínguez y cuando este es liberado de su secuestro, se dirige a la casa de Maders, donde ella misma pudó constatar las torturas, golpes, marcas y maltrato sufrido, que le dejaron graves secuelas físicas.

Para terminar la jornada declaró Jorge Raul Mignaqui, de manera presencial y como testigo de la victima Mario Orlando Dalhoff. Refirió ser du amigo y conocerlo desde el jardín de infantes. Cuando su amigo es secuestrado en 1977, se puso a disposición de la familia para ayudar en su búsqueda.

Dalhoff, tenía 27 años, se domiciliaba junto a su familia en calle Irigoyen al 200 de Bahía Blanca, y era estudiante de la carrera de economía en la Universidad Nacional del Sur.

En marzo de 1977 fue secuestrado, trasladado a algún lugar a algo más de una hora de distancia y sometido a cautiverio y torturas, para ser liberado luego de 15 días aproximadamente, en un camino rural, cerca de Tornquist, cercano a una papelera.

Cuadragésima audiencia de la Megacausa Zona 5 (1 de diciembre de 2022)

¿Cuándo siguen las audiencias?

El próximo 8 de diciembre no habrá debate debido al feriado nacional y las audiencias continuarán el día jueves 15 de diciembre, desde las 9 horas, en la sede del Tribunal Oral de Chiclana y Lavalle. Los juicios son Orales y Públicos, y puede concurrir cualquier persona que así lo desee, con su DNI.

Además, las audiencias también se emiten de manera virtual por el canal de YouTube de la subsecretaria de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires y por el canal del Poder Judicial.







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