Javier Milei le restó importancia al mensaje de García Cuerva en el Tedeum y aseguró que en los próximos meses visitará Argentina el Papa León XIV, quien en su primera encíclica dejó clara su posición sobre el lugar del Estado en medio del desarrollo de la IA. ¿Qué dijo al respecto?
El presidente Javier Milei le restó importancia al mensaje del arzobispo porteño Jorge García Cuerva durante el Tedeum por el 25 de Mayo, asegurando que se trata simplemente de una “opinión válida” y evitando confrontar abiertamente con el religioso. Además, aseguró que el papa León XIV visitará el país “probablemente” en noviembre.
Sus dichos tienen como telón de fondo la incorporación de Inteligencia Artificial para la toma de decisiones en el Estado, con iniciativas como el “Gemelo Social Digital”, presentado como una herramienta para “anticiparse” a las necesidades sociales, y el acercamiento a figuras del mundo tecnológico como el empresario Peter Thiel.
Sin embargo, el mensaje de la Iglesia va en sentido contrario. recientemente, León XIV publicó “Magnifica Humanitas”, un documento que advierte sobre los riesgos de ceder poder de decisión a los algoritmos y exige marcos regulatorios que los Estados no deleguen en corporaciones privadas.
Ahora Milei evita confrontar con la Iglesia
El lunes, durante el Tedeum en la Catedral Metropolitana con motivo del 25 de mayo, el arzobispo Jorge García Cuerva pronunció una homilía en la que reclamó: “Basta de arengar la división y la polarización“.
El pastor también alertó sobre los que, “sentados frente a una computadora de su escritorio, o cómodamente instalados delante de una pantalla”, practican lo que llamó “terrorismo de las redes, descalificando, difamando”.
Al día siguiente, en diálogo con Radio Mitre, Milei tomó distancia y no se dio por aludido por el arzobispo. “No me sentí ofendido por García Cuerva, para nada. Lo hace desde su posición absolutamente entendible. Me parece constructivo que una autoridad religiosa trate de mediar en esta situación”, señaló el Presidente.
Sin embargo, buscó restarle importancia a sus dichos, asegurando que no eran más que una “opinión válida”. Además, se diferenció en sus dichos sobre el uso del término “terrorismo” para referirse a la violencia en redes sociales, Milei consideró la expresión “exagerada”.
“Terrorismo es cuando el Estado persigue a las personas, o gente poniendo bombas. La palabra es un poco exagerada”, dijo el mandatario, quien suele utilizar sus redes sociales como plataforma para proferir insultos contra sus opositores, y añadió:
“No es fácil asimilar cómo funciona el mundo de las redes. La lógica de Twitter no es la forma en que la gente se vincula. Twitter es una forma de expresión. Si no le gusta se baja de las redes”.
En el mismo reportaje, el mandatario confirmó que la visita del Papa a la Argentina en noviembre es “altamente probable” y destacó las gestiones del canciller Pablo Quirno.
El ministro de Relaciones Exteriores había anticipado la noticia días antes con un mensaje en el que celebraba: “Vine a reunirme con el Presidente para darle ‘la Buena Noticia’ que hará feliz a todo el pueblo argentino. Solo resta definir la fecha, qué linda Primavera“.
“Nadie es descartable, nadie es desechable”: Duro mensaje de la iglesia a Milei en el Tedeum por el 25 de Mayo
La encíclica del Papa: regulación, guerra y IA
Mientras tanto, el Vaticano publicó un documento que avanza en sentido opuesto. El 15 de mayo, León XIV firmó “Magnifica Humanitas” (“Magnífica humanidad”), su primera encíclica social, publicada en coincidencia con el 135° aniversario de la Rerum Novarum.
El texto de 130 páginas fue presentado por el propio Pontífice junto a especialistas en inteligencia artificial, entre ellos el cofundador de Anthropic. El eje central del documento es la advertencia sobre los riesgos de la IA.
León XIV sostiene que los avances tecnológicos “pueden aumentar la participación y la justicia, o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión“, y que la inteligencia artificial “alimenta la brecha entre los incluidos y los excluidos”.
En particular, la encíclica apunta al poder concentrado en grandes corporaciones que controlan patentes, algoritmos, redes y datos personales, y que fijan “condiciones de acceso, reglas de visibilidad, formas de relación e incluso oportunidades económicas” para el conjunto de la sociedad.
Frente a ese diagnóstico, el Papa exigió marcos jurídicos concretos, supervisión independiente y responsabilidad política: “No basta con invocar la ética de manera abstracta; se requieren marcos jurídicos sólidos, supervisión independiente, usuarios informados y un sistema político que no abdique de su responsabilidad”.
Y fue más lejos: “Una IA más moral no es suficiente si esa moralidad es determinada por unos pocos“. La posición contrasta con la de Milei, que en numerosas oportunidades defendió la presencia de monopolios y no tiene previsto regular el uso de la Inteligencia Artificial.
En materia bélica, León XIV rechazó el concepto de “guerra justa”, señalando que es usado “con demasiada frecuencia para justificar cualquier conflicto“, y declaró “no permisible” que máquinas inteligentes tomen decisiones sobre la vida o la muerte de personas.
Sin mencionar nombres, ese cuestionamiento apunta a posiciones sostenidas también por la administración de Donald Trump, que en abril ya había enfrentado críticas del Vaticano por declaraciones del Papa sobre las oraciones y la guerra.
Milei también incurrió en esta idea de “guerra justa” para justificar los ataques de Israel a distintos países de la región, como Irán y Líbano, así como su avanzada militar sobre la Franja de Gaza.
El documento también aborda la situación de niños y adolescentes expuestos a “captación, chantaje y explotación sexual” potenciados por perfiles falsos y herramientas de IA capaces de manipular imágenes.
Y dedica un pasaje a las condiciones laborales en la extracción de tierras raras, los minerales esenciales para la tecnología moderna: “Adolescentes y niños trabajan en condiciones peligrosas en la trituración de los materiales de los que se obtienen las tierras raras”, alerta el texto, que también pide perdón por el retraso histórico de la Iglesia en condenar la esclavitud.
