Estéticas de internet: El futuro que nunca llegó

Frutiger Aero

​Las tendencias estéticas en internet funcionan, por momentos, cómo una especie de termómetro para percibir los humores y climas sociales que se construyen en el subsuelo de las sociedades. Con frecuencia, estas manifestaciones anticipan escenarios sociopolíticos que pasan desapercibidos para la mirada de las élites, que manejan los lenguajes del viejo mundo. Para tangibilizar y categorizar estos fenómenos que parecen difusos en la inmensidad de la web, me parece un gran aporte el de la historiadora del arte italiana Valentina Tanni en su libro Estéticas Liminales (Editorial Caja Negra). Su enfoque analiza cómo la cultura digital está reinterpretando la realidad y reconfigurándola de una forma extraña.

​En los últimos años, diversas corrientes visuales se han viralizado construyendo ecosistemas propios que resignifican lo real. Son estéticas que sumergen al usuario en un universo de sentido distorsionado y trasladan su subjetividad por fuera del presente. No se trata de una añoranza del pasado en sí mismo, sino de una nostalgia por los futuros posibles que ese pasado nos prometió y que el desarrollo tecnológico posterior no pudo cumplir.

​El Vaporwave y una sátira del tecnooptimismo

​El primer caso emblemático es el Vaporwave, un movimiento nacido en internet a principios de la década de 2010. Se caracteriza por un uso instrumental de la nostalgia y de elementos de la cultura de consumo de los años 80 y 90 (como los gráficos de Windows 95), combinados con colores neón, entornos futuristas y bustos de la antigua Grecia. Esta corriente encierra una profunda crítica satírica sobre el tecnooptimismo de finales de siglo, aquella época donde la tecnología parecía destinada a solucionar todos los problemas humanos.

Vaporwave
Vaporwave

​El término deriva de “vaporware, un concepto de la industria informática que describe a aquellos productos de software o hardware que son anunciados con grandes promesas pero que nunca llegan a ser lanzados al mercado. La analogía es muy buena para referenciar aquellas ideas de un futuro deseable que se configuraron con el avance tecnológico entre los 90 y los 2000, pero que finalmente no prosperaron. Como cita Tanni en su obra, bajo esta estética “los recuerdos de la infancia y de la adolescencia temprana se convierten en las ruinas de un futuro que pudimos vislumbrar pero, finalmente, nunca alcanzar: un futuro en el que la tecnología iba a unirnos, mejorar nuestra calidad de vida y hacernos más ricos, pero que, en cambio, nos ha llevado inexorablemente hacia el abismo”.

​Frutiger Aero y la dimensión utópica de la nostalgia

​En una línea de tiempo consecutiva se ubica el Frutiger Aero, una estética visual predominante en el diseño y la tecnología entre 2004 y 2013. A diferencia del desencanto actual, esta corriente representaba un futuro optimista, caracterizado por la convivencia virtuosa entre la naturaleza y las interfaces tecnológicas. Con el azul mar y el verde pasto como tonos principales, su iconografía recurre a arquitecturas con amplias entradas de luz solar, burbujas, texturas brillantes y extensos campos verdes. Si bien el sistema Windows XP y su clásico fondo de pantalla rural funcionaron como antesala, el máximo representante de este optimismo visual fue el entorno gráfico de Windows Vista.

Frutiger Aero
Frutiger Aero

Tanto el Frutiger Aero como el vaporwave evocan un elemento central de nuestra época: la necesidad de la nostalgia. El avance tecnológico contemporáneo no solo incumplió los resultados que el ámbito tecnológico construía como promesa, sino que terminó por alienar nuestra capacidad de imaginar un futuro. Ante la clausura del porvenir, los usuarios regresan al pasado para intentar proyectar el mañana desde allí, revisitando aquellas ideas de futuro que no se concretaron y que internet mantiene disponibles y registradas para ser resignificadas.

​Por lo tanto, esta nostalgia digital posee un carácter utópico. Busca la posibilidad de revisitar el momento donde el futuro todavía aparecía como un campo abierto y a construir. Al funcionar como una ventana hacia aquellos otros universos que pudieron haber sido, internet (aquella biblioteca que registra todos los pasados) se convierte en la herramienta perfecta para habitar, al menos por un instante, esos futuros suspendidos.

​Espacios liminales: esperando a los monstruos

​Sin embargo, la cultura de internet no sólo explora la dimensión utópica; también representa aquello que aparenta espeluznante a través de la estética de los espacios liminales. Técnicamente, un espacio liminal es un lugar de transición o una zona intermedia diseñada específicamente para estar de paso, tales como pasillos, salas de espera, hoteles vacíos o estaciones de servicio.

​La característica inquietante de estas imágenes radica en que muestran completamente desiertos aquellos entornos que en la cotidianeidad asociamos a una alta concentración de personas. Esta desconexión genera una profunda sensación de incomodidad, más allá de la aparente tranquilidad de la escena. Son entornos impersonales, simétricos e iluminados artificialmente que resultan extrañamente familiares, evocando la atmósfera de un sueño o de un recuerdo distorsionado.

Espacios liminales
Espacios liminales

​La proliferación de estas imágenes (peloteros, centros comerciales y salones de fiestas vacíos) opera como el reflejo de un inconsciente colectivo latente. Estas postales de la sociedad de consumo de hace unas décadas, despojadas de presencia humana, transmiten la sensación de que algo terrible ha ocurrido.

​Este fenómeno visual dialoga de forma directa con el momento histórico liminal que nos encontramos atravesando. La sociedad se encuentra ante los restos de un orden que ya no es, pero que tampoco termina de morir, mientras que lo nuevo aún no termina de emerger. Recuperando la ya mil veces repetida frase de Antonio Gramsci, habitamos un gran espacio liminal colectivo en el que esperamos que aparezcan los monstruos.

 

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