El fracaso de Bullrich la hace tambalear a sólo días de la cumbre del G20

El operativo de seguridad para impedir incidentes en la Superfinal de este sábado fracasó de manera absoluta, provocando un papelón mundial a días del G20 que reunirá en la ciudad a los principales líderes del mundo.

El micro que traía a los jugadores de Boca fueron atacados a piedrazos por hinchas de River al llegar al Monumental, en medio de una notable ausencia de efectivos para resguardar a los jugadores visitantes.

«Fue una emboscada», comentó uno de los presentes en los incidentes, que terminaron astillando los vidrios del micro que llevaba a los jugadores xeneizes y en consecuencia se suspendió el inicio del partido previsto para las 17 horas, desatando una guerra de intereses cruzados para que se reanude.

Las primeras imágenes que trascendieron confirman en efecto serias fallas en el operativo, ya que se ve que los organizadores hacen ingresar al micro con los jugadores de Boca al Monumental por una avenida Monroe desbordada de hinchas de River a ambos lados y con la escolta de apenas un puñado de motos de policía.

Esa zona estaba a cargo de Prefectura que debía acordonar la zona. El operativo estuvo a cargo del gobierno porteño, pero por sus dimensiones -se trata de un evento que movilizó unas cien mil personas- se pidió ayuda a las fuerzas federales que aportaron efectivos de Gendarmería y Prefectura para que se hicieran cargo del tercer anillo del operativo. Ambas fuerzas federales responden a la ministra Bullrich.

Como en tantas otras ocasiones la mala relación de la ministra con el gobierno de Rodríguez Larreta complicó la situación. Las fuerzas federales suelen resistirse a cumplir las órdenes de sus pares porteños, cuando estos están a cargo del operativo, como sucedió este sábado.

El ataque al micro se produjo en una zona que estaba a cargo de Prefectura, que responde a la ministra Bullrich. «Hubo desidia», fue el diagnóstico.

«Hubo desidia de Prefectura», fue el diagnóstico. Se sumó la furia del sector más duro de la barra de River que el día anterior sufrió una serie allanamientos, donde les incautaron diez millones de pesos y entradas. Se les aplicó derecho de admisión y por eso en la cancha se veía un sector vació. La incompetencia de un sector del operativo les dio la ocasión para cumplir sus deseos. 

Luego cuando intervino la Prefectura la situación empeoró. Para intentar dispersar a los hinchas los efectivos empezaron a tirar gases lacrimógenos afectando a los propios jugadores. Se vio entrar a los jugadores al vestuario heridos y con dificultad para respirar.

El chofer del micro bajó desmayado y seis jugadores vomitaron y quedaron tirados en la antesala el vestuario: Carlos Tevez, Fernando Gago, Julio Buffarini, Agustín Almendra, Nahitán Nandez y Darío Benedetto.

Pasadas las 17 horas, el panorama era completamente confuso. Mientras la Conmebol informó a través de su cuenta oficial de Twitter que el partido fue postergado para las 18, desde de Boca insistían en que su plantel no está en condiciones de jugar -con Pablo Pérez y Gonzalo Lamardo hospitalizados- y las fuerzas de seguridad apostadas en la puerta del estadio les decían a los hinchas que el partido no se jugaría hoy. Pablo Pérez tendría una úlcera en el ojo izquierdo y no estaría en condiciones de jugar y en su lugar entraría Gago.

Se supo además que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, presente en el país para ver la final, le habría dicho al presidente de Boca, Daniel Angelici, que la final debía jugarse sí o sí. mientras que el técnico de River, Marcelo Gallardo, dijo que de ninguna manera iba a aceptar jugar la superfinal si el plantel de Boca no estaba en óptimas condiciones.

Luego de una reunión entre Infantino, Angelici y el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, se acordó que el partido se juegue a las 19.15, pese a todo. Sin embargo, las autoridades del club xeneixe y los jugadores se resistían. «La posición de Boca es que no se juega», dijo el vicepresidente de Boca, Darío Richarte.

«Nos están obligando a jugar, hace cinco horas que estamos en el vestuario, hace siete que almorzamos, tenemos tres compañeros lastimados. Las condiciones para jugar no están dadas y lo quieren jugar los presidentes de la FIFA, la Conmebol y nosotros ni siquiera estamos cambiados», afirmó uno de los jugadores del plantel.

La inoperancia de Patricia Bullrich

Bullrich quedó en el centro de las críticas, ya que de modo reiterado había afirmado que «el Estado está en condiciones de garantizar la seguridad en los estadios».

Incluso, hace un par de semanas cuando Macri pidió que hinchas visitantes puedan presenciar el partido, la ministra había respaldado la polémica propuesta con una pregunta retórica: «Vamos a tener un G20, imaginese que lo de Boca y River parece algo bastante menor al lado de tener veinte presidentes y ocho organismos internacionales», sobró la ministra en una nota en TN.

Los incidentes preocupan porque se dan, justamente, a días de la cumbre mundial en la que participarán en Buenos Aires los líderes de las máximas potencias, con un megaoperativo de seguridad también a cargo de Bullrich.

 

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