Dos agendas en Nueva York: Milei, Kicillof y el lugar de Argentina en el mundo

Las visitas de Javier Milei y Axel Kicillof a Nueva York dejaron expuestas las posiciones de quienes son los principales dirigentes del país frente al escenario geopolítico mundial y sus visiones sobre cuál es el rol de Argentina en el plano internacional. ¿Cuál es el mensaje detrás de sus agendas?

Axel Kicillof y Javier Milei en Nueva York

El principal tema de la semana tiene que ver con Nueva York, justamente porque ahí se desarrolló 81° Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), que convocó a líderes políticos de todo el mundo, incluido el presidente Javier Milei, que llegó a Estados Unidos al principio de la semana y retornó este viernes a Buenos Aires.

Se podría decir que el clímax de su agenda fue el discurso ante la Asamblea General de la ONU, pero vale detenerse en una de sus actividades del martes. Se trata cumbre del “Escudo de las Américas”, un acuerdo de lucha contra el narcotráfico y lo que Estados Unidos considere terrorismo en la región.

Fue lo más cercano a un encuentro con Donald Trump, aunque sin foto conjunta. Sí obtuvo, en cambio, una arenga del republicano por las últimas elecciones: “Tuvimos una gran victoria en Argentina, y no hace tanto tiempo”. Que Trump se adjudique como propio ese triunfo dice bastante sobre la relación entre ambos gobiernos.

En cuanto a la asamblea, vale mencionar que esta vez el libertario sí habló de las Islas Malvinas, aunque rápidamente el tema se convirtió en un vehículo para que el mandatario fustigara a la entidad, a la que calificó como “una organización inútil que sólo sirve para alimentar una casta de parásitos”.

No queda claro cómo insultar a los representantes de otros países ayuda a la causa por la soberanía de las islas, por lo que sus dichos por momentos parecen un intento de congraciarse con Donald Trump quien en varias oportunidades intentó socavar el valor de la ONU.

Más llamativo es que, en el mismo discurso, cuestionó al organismo por votar en contra de Israel y ratificó “su alineamiento sin ambigüedades” con Estados Unidos e el país que gobierna Benjamin Netanyahu. Declararse seguidor acrítico de potencias extranjeras choca, cuanto menos, con la idea de soberanía que dice defender.

Milei no fue el único dirigente argentino de peso en la ciudad. El gobernador bonaerense Axel Kicillof también viajó a Nueva York con una agenda propia, en paralelo a la cumbre de la ONU, algo que ya había hecho el año pasado en la cumbre “Democracia Siempre”.

Además de reunirse con empresarios y bonistas, participó de un encuentro progresista encabezado por el alcalde neoyorquino Zohran Mamdani y el presidente de España, Pedro Sánchez, donde buscó marcar diferencias con Milei y posicionarse frente al escenario geopolítico global.

Allí sostuvo que “estamos atestiguando un cambio en el orden mundial y una profunda revolución tecnológica” y que “la Argentina tiene muchas oportunidades en este nuevo contexto, pero Milei las está desperdiciando”.

En el medio de todo esto ocurrió algo curioso. Mientras Milei daba su discurso en la ONU, comenzó a subir el riesgo país y arrancaron a caer los bonos argentinos en el mercado. Milei hizo referencia a esto, lo cual no es una sorpresa.

Lo que sí es llamativo es que evidentemente también viene siguiendo la agenda de Kicillof, porque luego le dedicó un insulto y lo culpó por la situación, aunque sin nombrarlo. Una acusación insólita, que en todo caso deja expuesta la fragilidad del modelo económico.

Más allá de lo discursivo, lo más relevante de estas dos agendas paralelas es que permitieron trazar con claridad los lineamientos geopolíticos de los dos dirigentes políticos más relevantes del país.

Kicillof eligió la foto con Mamdani, quien está en medio de una puja política muy fuerte con Donald Trump, al punto de que en algún momento hubo una amenaza de intervención, y que se define como demócrata socialista. También es crítico de Netanyahu por los crímenes en Gaza, al que llegó a decir que se debería detener si pisaba suelo estadounidense.

En el extremo opuesto está Milei, que este jueves se reunió justamente con el primer ministro israelí y defiende abiertamente los ataques contra Palestina y otros países de la región, dedicado en gran medida a seguir los lineamientos de Trump: la propia cuestión Malvinas recién entró en su agenda después de que el republicano la mencionara.

¿La moral como política de Estado?

Mientras esto ocurría en Estados Unidos, en Argentina estallaba un nuevo escándalo que comenzó la semana pasada, pero escaló de manera llamativa: la purga y militarización de la Quinta de Olivos.

El gobierno despidió a 12 empleados de la residencia, casi todo el personal civil (cocineros, mozos, limpieza, mantenimiento e incluso el jardinero). En paralelo, el Poder Ejecutivo trasladó a la Casa Militar la responsabilidad integral sobre la residencia y designó al coronel Fernando Alberto Tereso, número dos de esa dependencia, como coordinador de la reorganización.

La versión oficial sostiene que la medida responde a la necesidad de “elevar los estándares de eficiencia y seguridad del Presidente y de su entorno”, en el marco de la escalada de inseguridad global y la visita del papa León XIV. Circularon otras versiones: desde sospechas de filtraciones y la intoxicación de uno de los perros de Milei, hasta el desvío de fondos hacia negocios privados.

Esta última hipótesis tomó más fuerza a partir del despido de María Belén Agudiez, quien ocupaba la Subsecretaría de Planificación General desde enero de 2024. Antes había sido candidata en dos oportunidades, la primera en 2021 por Avanza Libertad, el espacio de José Luis Espert.

Desde su cargo, Agudiez colocó a distintos familiares en la Quinta: su cuñado, Osvaldo Javier Sosa, como Intendente; su hermana, Analía Agudiez, al frente de la cocina; y su primo, Agustín Expósito, como Director Nacional de Seguimiento Operativo. El esquema se sostuvo durante toda la gestión sin cuestionamientos, hasta que una investigación periodística puso la lupa sobre las compras desde Olivos.

Según registros de la plataforma Compr.ar, la Secretaría de la Presidencia adquirió más de 27 mil kilos de productos cárnicos de alta calidad y 84 mil kilos de frutas y verduras para abastecer a la Casa de Gobierno y a la residencia por seis meses. Es más, en 2026 el presupuesto asignado a la compra de alimentos asciende a 3.391 millones de pesos, un 122% más que en 2025, muy por encima de la inflación interanual.

La pregunta que surge es cómo se explican compras tan elevadas si el personal de la Quinta no aumentó. Sobre eso avanza la denuncia de la diputada Marcela Pagano, que pide investigar el destino final de esos insumos. La legisladora observó que en Olivos se consume cuatro veces más dulce de leche y tres veces más mostaza que en la Rosada, pese a que por esta última circulan cincuenta veces más personas.

Pagano pidió además investigar si parte de esos alimentos terminó vinculada a “Pancitos Caseros”, un emprendimiento gastronómico de Sosa, el cuñado de Agudiez. La denuncia sostiene que los insumos “habrían sido derivados a ese emprendimiento privado, que los habría comercializado como propios en eventos y servicios a terceros, generando ganancias extraordinarias a una empresa familiar a costa de la administración fraudulenta del patrimonio del Estado Nacional”.

El expediente compromete también a los proveedores: un jubilado de 80 años, sin casa ni patrimonio conocido, habilitado para facturarle al Estado más de 600 millones de pesos, y la firma Fransro SRL, que ya había sido señalada en un informe de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas que derivó en una denuncia penal en abril de 2024.

Más allá de las eventuales ilegalidades, que deberá determinar la Justicia, el episodio de Olivos expone un modus operandi habitual en el gobierno de Milei. No es un fenómeno inédito en la política argentina, pero resulta paradójico en un espacio que llegó al poder prometiendo terminar con los “curros” del Estado y que, en cambio, vio a varios de sus dirigentes armar los propios apenas llegaron a la función pública.

La causa ANDIS reveló que Diego Spagnuolo y su entorno montaron un esquema propio con la compra de medicamentos. La investigación sobre el patrimonio de Manuel Adorni lo obligó a explicar que tenía una fortuna pero “eligió” vivir como clase media hasta llegar al Estado.

Y son apenas los casos más conocidos: el senador Bartolomé Abdala admitió tener más de 15 asesores, la mayoría en San Luis para impulsar una futura candidatura a gobernador; y en 2024 se supo que la senadora jujeña Vilma Bedia había contratado a al menos ocho familiares en su despacho. Y la lista sigue.

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