Wado es una Massa

“No pasa nada si todos los traidores se van con Massa”

-En loop, es lo que comenzó a cantar la militancia kirchnerista en el 2009, cuando Sergio Massa se fue del gobierno de Cristina Kirchner en el que ocupaba la jefatura de gabinete. Comenzó su armado, hoy conocido como Frente Renovador, y enfrentó con dureza al gobierno del que era parte. Llegó a oponerse al proyecto de reforma del Código Penal que se trabajó por aquellos años diciendo cosas tales como “con esa reforma, Videla hoy estaría libre”.

“Voy a barrer a todos los ñoquis de la Cámpora”, aseguró alguna otra vez.

Es el que más mide. Sintetiza la unidad. Agarró una papa caliente (Economía) cuando se fue Guzmán. Puede captar votos de indecisos en la disputa con las opciones de derecha.

-Es parte de la batería argumental que por estas horas circula a favor de la pre-candidatura de Sergio Massa a la presidencia de la Nación.

El acuerdo con Cristina, dicen, existe hace dos meses.

En líneas generales, lo incluído en el cuadro precedente expresa las dos vertientes de opinión y sensaciones en Unidos por la Patria tras la confirmación de la pre candidatura de Sergio Tomás Massa a la presidencia de la Nación en fórmula con Agustín Rossi.

“Gracias por el compromiso y el afecto a todos los que estuvieron y se atrevieron a soñar. Gracias a la militancia y a los y las dirigentes de todos los sectores por el trabajo y el cariño. A trabajar y militar con todo que esto recién empieza!”, escribió ayer Wado de Pedro en su cuenta en Twitter.

Wado, el hijo de la generación diezmada que había despertado la ilusión de la militancia kirchnerista terminó por declinar su precandidatura, la misma que había confirmado en un video difundido en redes sociales.

Daniel Scioli, quien incluso amagó con judicializar parte del reglamento de la interna, también depuso sus intenciones de postularse.

Juan Grabois, al menos hasta el momento de entregar esta nota en la noche del sábado para su publicación posterior, se subió de nuevo al ring tras bajarse cumpliendo lo prometido: si Wado de Pedro era el candidato, el renunciaba a su candidatura. Si el candidato era Massa, competiría en la PASO.

El contexto

En buena parte de mis notas anteriores comenté lo que es evidente: el más grande problema que tiene hoy Argentina es el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional gestionado por Alberto Fernández y Martín Guzmán. Acuerdo que impone obligaciones de todo tipo al país y lo deja con pocas herramientas para generar políticas de distribución de la riqueza, el desarrollo industrial y crecimiento económico con inclusión social. En otras palabras, el acuerdo con el FMI es del tipo habitual, ortodoxo, y pesado como un ancla.

La firma de ese acuerdo fue el parteaguas que expuso las diferencias hacia adentro del entonces Frente de Todos, hoy Unidos por la Patria, que desembocaron primero en la renuncia de Máximo Kirchner como presidente del bloque de diputados y, más tarde y tras meses de enfrentamiento abierto del Ministro de Economía Martín Guzmán, la asunción fugaz de Silvina Batakis y la llegada de Massa al ministerio al que miraba con ganas desde hacía tiempo.

No está de más recordar que la derrota oficialista en las elecciones de medio término fue, desde el kirchnerismo, atribuida a la gestión económica en materia de distribución del ingreso sintetizada en la decisión de Guzmán de no darle continuidad al IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) aplicado durante algunos meses en tiempos de cuarentena a causa de la pandemia.

En este desarrollo, que pretende antes que detenerse en aspectos puntuales construir un panorama a trazo grueso de la película de estos años, es menester recordar que la llegada de Massa al Ministerio de Economía, si bien revitalizó el andamiaje político de la gestión económica (que hoy por hoy está lejos de mostrar los resultados deseados fundamentalmente respecto de la inflación) significó la confirmación del debilitamiento de la figura del Presidente Alberto Fernández.

De allí en más en lo que los resultados económicos se hicieron esquivos, las dificultades crecientes y los desacuerdos indisimulables, tanto la necesidad de establecer políticas contundentes de distribución del ingreso (que nunca llegaron) como el planteo constante, fundamentalmente por parte de la Vice Presidenta Cristina Fernández de Kirchner de la necesidad de ir a un programa económico que termine con la economía bi-monetaria y renegociar mejores condiciones con el FMI se transformaron en una constante.

En el mientras tanto, y con las elecciones en el horizonte, un hecho puntual marcó el destino de la candidatura de Cristina.

La proscripción

“Cristina, entre la bala que no salió y el fallo que si saldrá” es el título de una nota del diario Clarín firmada por el editor Pablo Vaca publicada el 11 de septiembre del 2022 tras el intento de asesinato sufrido por Cristina Fernández de Kirchner en la puerta de su casa.

Para ese momento, no se conocía la sentencia en su contra en el marco de la denominada “Causa Vialidad” aunque se veía venir la condena con ánimos proscriptivos y es lo que sucedió. Tras el espectáculo televisivo en que se convirtió el alegato del fiscal Luciani, se confirmó lo que se sabía: Cristina condenada e inhabilitada para ejercer cargos públicos.

Acto seguido, Cristina confirmó que no sería “candidata a nada” para no someter al partido que le dio dos veces la posibilidad de ser presidenta de la Nación a la situación de tener una candidata condenada.

La citada nota de Vaca se mofa de la existencia de discursos de odio denunciados por el kirchnerismo, califica el intento de asesinato como la empresa de “un par de lúmpenes” cuando se conoce que hubo un sospechoso flujo de financiamiento a la agrupación “Revolución Federal” a la que pertenecen el encargado de gatillar, el tal Sabag Montiel y compañía, por parte de uno de los Caputo e incluso la sospecha de la participación del diputado opositor Millman en el hecho.

Sin la candidatura de Cristina, la danza de nombres para asumir ese lugar tuvo a varios protagonistas. Desde Kicillof a Capitanich pasando por Rossi, Manzur, Scioli, Grabois, De Pedro y, finalmente, el consagrado Massa.

A la derecha, hay más derecha

No puede decirse que Sergio Massa sea un hombre de izquierda. De centro es lo más “progre” que puede decirse de él. De históricos vínculos con la embajada de Estados Unidos, una vez ido del gobierno de Cristina confrontó corriendo siempre por derecha y lo mencionado párrafos arriba respecto de aquel proyecto de reforma del código penal es un ejemplo. Promotor también de ideas como la baja de edad de imputabilidad de los menores, hizo de la inseguridad un tema central de su gestión como intendente de Tigre como de la construcción de su imagen de hombre dispuesto a disputar espacios de poder. La proliferación, por caso, de sistemas de cámaras de vigilancia en todas las ciudades en las que sus intendentes se volcaron a su Frente Renovador, incluso, tuvo sus episodios bahienses durante la intendencia de Gustavo Bevilacqua.

Pero para más datos, un hombre de su partido, Carlos Haquim, es el vice gobernador de la Jujuy represiva de Gerardo Morales, carcelero de Milagro Sala y heredero de las prácticas persecutorias de los Blaquier del Ingenio Ledesma. Las imágenes de camionetas blancas, muchas sin patente, de las que bajan efectivos policiales para ingresar sin orden de allanamiento a viviendas de las que se llevan detenides a sus habitantes son la repetición de las terribles escenas del episodio represivo conocido como “la noche del apagón”.

El radical cambiemita metió palo y bala, y culpó sin ruborizarse directamente a Alberto Fernández y a Cristina Kirchner de la violencia que el mismo desató

En tanto, la antipatía de Massa respecto de Milagro Sala, presa política, es manifiesta. Él también se subió a las acusaciones de corrupta y de haber creado un estado paralelo que sobre ella pesan.

Sin embargo, en un escenario de derechización global de la política, en el caso argentino en particular las posiciones de Massa aparecen como menores ante lo expresado por Juntos por el Cambio en la semana que termina. En pleno, dirigentes que pertenecieron a la Alianza que tuvo como presidente a De la Rúa y que terminó con 38 muertos en estado de sitio en el 2001 salieron a bancar fuerte la represión de la protesta social en Jujuy llevada a cabo por el emperador Gerardo Morales tras la aprobación, entre gallos y medianoche, de una reforma constitucional que limita severamente el derecho a la protesta, elimina el estatuto docente y habilita la entrega de tierras de los pueblos originarios a privados para, fundamentalmente, la explotación del estratégico litio.

“Qué ánimo de ser Potosí”, dijo Cristina en una de sus últimas apariciones refiriéndose elípticamente a la política de entrega de Morales del mineral fundamental para la fabricación de baterías.

Con todo, y a cuento de los resultados económicos las posibilidades electorales del oficialismo son, por lo menos, difusas.


El escenario es el escenario: acuerdo leonino con el FMI, persecución política, promesa de represión, ajuste y entrega por parte de la extrema derecha, inflación galopante.

Como contrapartida, si esta nota fuera un análisis FODA, por el lado de Fortalezas y Oportunidades anotaríamos bajísimo desempleo, crecimiento de la actividad industrial y puesta en funcionamiento del gasoducto Néstor Kirchner, que pone a Argentina a las puertas del autoabastecimiento energético e incluso la posibilidad de generar en el futuro superávit en ese apartado antes las posibilidades de exportación.

Por lo demás… la épica de años pasados sostenida en la ampliación de derechos y en la confrontación con espacios de poder concentrado parece ser cosa del pasado. El kirchnerismo cede por tercera elección consecutiva el primer lugar en la fórmula presidencial. En el 2015 Zanini fue segundo de Scioli, en el 2019 Cristina vice de Alberto Fernández y ahora Wado de Pedro desiste de su propia candidatura mientras que Rossi es segundo de Massa.

La mejor frase que se me ocurre para cerrar la nota es escasamente sesuda: veremos que sale de este lío en el que mientras la militancia manifiesta su decepción, la dirigencia celebra la “unidad”.

En los días por venir sabremos si esa unidad es, otra vez, meramente electoral o si esta vez sí habrá un programa que aglutine voluntades.

La derecha bien a la derecha (como sistema de poder representado en sus candidates)

Jujuy como laboratorio (y revival de la noche de apagón)

El contexto y lo que viene (puede)

Mencionadas en esta nota:

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