No seamos Potosí

“Allá en la época colonial, la plata de Potosí fue, durante más de dos siglos, el principal alimento del desarrollo capitalista de Europa. ‘Vale un Potosí’, se decía, para elogiar lo que no tenía precio.
A mediados del siglo dieciséis, la ciudad más poblada, más cara y más derrochona del mundo brotó y creció al pie de la montaña que manaba plata. Esa montaña, el llamado Cerro Rico, tragaba indios. ‘Estaban los caminos cubiertos, que parecía que se mudaba el reino’, escribió un rico minero de Potosí: las comunidades se vaciaban de hombres, que de todas partes marchaban, prisioneros, rumbo a la boca que conducía a los socavones. Afuera, temperaturas de hielo. Adentro, el infierno. De cada diez que entraban, sólo tres salían vivos. Pero los condenados a la mina, que poco duraban, generaban la fortuna de los banqueros flamencos, genoveses y alemanes, acreedores de la corona española, y eran esos indios quienes hacían posible la acumulación de capitales que convirtió a Europa en lo que Europa es.
¿Qué quedó en Bolivia, de todo eso? Una montaña hueca, una incontable cantidad de indios asesinados por extenuación y unos cuantos palacios habitados por fantasmas.”

Si usted leyendo el texto que inaugura esta nota sospecha que el autor del mismo es Eduardo Galeano, sepa que está en lo cierto. La cita corresponde a un fragmento de una contratapa escrita por el inolvidable “yorugua” para Página 12 el 19 de octubre del 2003 titulada “El país que quiere existir”.

Por esos días, una Bolivia en pie de lucha se liberaba del presidente Sánchez de Losada quien en el marco de un proceso privatizador del petróleo implementó un feroz plan de ajuste que, mientras cierta prensa destacaba que había “controlado la inflación”, supuso una gran reducción salarial, miles y miles de despidos llamados “relocalización”, recorte y eliminación de planes sociales y tras cartón un impuesto al salario.

El gas privatizado iba a seguir el camino de los recursos naturales que desde siempre fueron extraídos a sangre y fuego de las entrañas del suelo boliviano y latinoamericano desde que los europeos bajaron de los primeros barcos: el extranjero. En este caso, ese gas iría a parar a California, Estados Unidos, por unas pocas monedas y regalías irrisorias. Entonces, como una y mil veces antes, el pueblo indio se levantó y se llevó puesto al sistema tirano, no sin pagar con vidas el atrevimiento.

Por esos años Argentina encontraba en un patagónico la esperanza de un futuro mejor. Néstor Kirchner asumió la presidencia el 25 de mayo de ese año tras una elección en la que obtuvo el 22% de los votos quedando por detrás del riojano traidor que acumuló un 26 pero que ante las encuestas que lo anunciaban derrotado para la segunda vuelta con diferencias en contra de hasta 60 puntos, decidió a pocos días de la votación renunciar a su candidatura asestando un golpe, uno mas, a la ya deteriorada institucionalidad argenta.

No obstante, Néstor asumió reconociéndose como parte de una generación diezmada que llegaba “sin rencores pero con memoria”. Sin dejar sus “convicciones en la puerta de la Casa Rosada” pidió “perdón en nombre del Estado Nacional por haber callado durante 20 años de democracia por tantas atrocidades”. Quitó del sueño eterno de la Nación el peso del zapato del FMI y abrazó a América Latina armando yunta con Lula, Chávez y Evo (el de esa Bolivia estallada en el 2003) y desde la conducción del Estado enamoró a un par de generaciones que lo llevan y llevarán como bandera.

Una Patria Libre y Soberana, así con mayúsculas, solo puede ser Libre y Soberana si toda la América Latina camina el mismo camino.

En un momento de su discurso del pasado jueves 25 a veinte años (si, veinte años ya…) de la asunción de Néstor, Cristina Kirchner se refirió al tema del litio. Se sabe que Argentina junto a Chile y Bolivia es parte del llamado “triángulo del litio”, recurso estratégico en el marco de la revolución de la electrificación de los sistemas de movilidad sumada a la revolución informática que ya lleva unos cuantos años. Señalando a ciertos gobernadores (entiende este escribiente que fundamentalmente al radical Gerardo Morales, carcelero de Milagro Sala, gobernador de Jujuy y precandidato a presidente por Togheter for the change) que ven en la decisión de Chile y Bolivia de declarar al mineral como recurso estratégico dándole participación a los respectivos Estados en la explotación e industrialización una oportunidad para recibir inversiones estrictamente extractivistas, dijo Cristina: que vocación de colonia hermano, no quieran volver a ser Potosí.

Quienes gustan hablar de “grieta” y acuden con ligero facilismo a la lógica impuesta por la prensa dominante señalan que dicho fenómeno tiene como única responsable a Cristina Fernández de Kirchner, olvidándose convenientemente de mas de 500 años de historia. Los “cinco siglos igual” que con poética precisión describió el bueno de León Gieco:

Desamor desencuentro
Perdón y olvido
Cuerpo con mineral
Pueblos trabajadores
Infancias pobres
Cinco siglos igual


Sin ánimo de romper con el ritmo de la nota, paso a hablar en primera persona porque hablando desde la singularidad entiendo imprescindible señalar que aquello de no ser de nuevo Potosí es una síntesis poderosa de lo que implica, con todo el peso de la historia, la empresa que supone construir una patria justa, libre y soberana.

Para que Potosí fuera Potosí no solo se requirió de la angurria europea enmarcada en su propia guerra entre imperios. España saqueaba y los barcos que llevaban la plata a través del Atlántico al viejo, viejísimo continente eran asaltados por buques ingleses… sin bandera. La piratería entre piratas.

Imprescindible, siempre, para que se cierre el círculo del colonialismo es que desde adentro te vendan y los mecanismos a lo largo de la historia variaron pero el resultado siempre fue el mismo. Las riquezas se fueron y en casa quedaron las lágrimas por la sangre derramada y, en esto de citar canciones, como cantó Atahualpa Yupanqui, “las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”.

Ocupación territorial, esclavización, genocidio, endeudamiento, dictaduras formales e informales, lawfare. Distintos nombres para lo mismo: el sometimiento de los destinos de una región entera del mundo a los caprichos del autopercibido como “mundo central” y las cipayas élites locales.

No obstante señalar el ejemplo Potosí mediante que Argentina tiene que aspirar a mucho mas que a ser una colonia productora de productos primarios porque “somos 46 millones y eso solo no alcanza”, Cristina en su discurso del 25 estableció 4 ejes como parte de un programa de gobierno:

1) Abandonar el programa del FMI y “elaborar uno de crecimiento, industrialización e innovación tecnológica”. Enfática fue la vicepresidenta al señalar que el del organismo de crédito “fue un préstamo político y política tiene que ser también la solución. En todo caso, que lo aten a un porcentaje de las exportaciones pero que dejen de atar al país para que sea solo un productor de materia prima. Somos 46 millones y con eso no alcanza. Se puede hacer, porque nosotros lo hicimos”.

2) Articular una alianza entre lo público y lo privado. “Podemos hacerlo” aseguró Cristina explicando que “tenemos recursos: Vaca Muerta, Litio. Tenemos que tener una mirada estratégica.” Allí fue cuando criticó a los que celebran las legislaciones de Bolivia y Chile porque dicen que van a venir las inversiones acá. “Que vocación de colonia hermano (…) No quieran volver a ser Potosí”, expresó.

3) Renovar el pacto democrático. La vice señaló que “cuando dicen que hay que acabar con el peronismo o el kirchnerismo… si con ganar alcanza, ¿por qué pensar en el exterminio del otro?”. Pasaje notable del discurso de la dos veces presidenta. “A pesar de las bombas, de los fusilamientos, los compañeros muertos, los desaparecidos / No nos han vencido”, respondió la multitud bajo la lluvia en la Plaza de Mayo”.

4) Finalmente, aseguró Cristina, “es necesario darle al país un poder judicial (porque el actual) se ha evaporado en una camarilla indigna de la historia argentina.” Allí, señaló lo que alguna vez pareció imposible: que exista una Corte Suprema peor que aquella menemista de la mayoría automática.

Por si fuera posible que a alguien a esta altura se le escape, los cuatro miembros del tribunal están siendo sometidos a un proceso de juicio político en que se ventilan menudos escándalos, como aquel de la administración de la obra social del Poder Judicial que, sin números claros ni auditorías visibles, pinta como administración, por lo menos, fraudulenta. Este caso es apenas uno que tomo como ejemplo.


Al finalizar la segunda presidencia de Cristina Kirchner la distribución del ingreso era de 51% para les trabajadores y 49 para el sector privado. “Por eso me odian”, aseguró, y lanzó una de esas frases que serán remera, consigna y bandera: Nunca voy a ser de ellos. Yo soy del Pueblo, y de ahí no me muevo, dijo.

Y si. El problema es ese, el de la distribución. Quien se la queda es la cuestión. Al respecto, Cristina señaló que “todos saben las diferencias que tengo (con Alberto)”, recordando aquel diciembre del 2020 en el que con tono de vaticinio dijo que iba a haber crecimiento económico, pero que no debían llevárselo 4 vivos, cosa que está sucediendo.

No obstante, reconoció que “este gobierno es infinitamente mejor de lo que hubiera sido otro de Mauricio Macri”, sobre el que puntualizó que “ dejaron los amarillos 200mil millones menos de PBI ((627mil millones fue el último dato del gobierno kirchnerista)) y 120mil millones de dólares mas de deuda”. Ahí, el mecanismo de la deuda externa como uno de los que viene a servir de herramienta de sometimiento del país a el eterno esquema colonial.

Con todo, a poco de terminar el plazo para la definición de las fórmulas para las elecciones presidenciales y ante la a esta altura certeza que Cristina no será candidata, queda nada menos que la definición de los integrantes de la fórmula.

La definición de un programa de gobierno sustentado en los 4 ejes planteados por la líder del Frente de Todos el jueves 25 es fundamental y también lo será la definición de los nombres porque si bien el candidato (vuelve a ser) es el proyecto, quienes lo lleven adelante deben estar plenamente consubstanciados con su sentido profundo, sus objetivos, tácticas y estrategias pero algo mas adquiere también el status de fundamental, y es la noción de que el gobierno, como síntesis de ese proyecto y las aspiraciones de un pueblo, es resultado de una construcción colectiva. Eso es algo que debe comprenderse desde la militancia y la dirigencia.

Es conocida la anécdota que cuenta que en nuestra ciudad un dirigente que parece ser peronista se preguntó y preguntó retórica y socarronamente a sus interlocutores “¿desde cuándo las bases deciden?”.

El desafío es enorme: construir el programa de gobierno, seleccionar a les mejores representantes, convencer a la sociedad, ganar las elecciones y llevarlo adelante para no ser Potosí, sino una Patria justa, libre y soberana. Como dijo Néstor, “una nueva y gloriosa Nación: la nuestra”.

 

 

 

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