Por Jhonny A. Zamparo, sindicalista y Lic. en RRII
Hace unos días fue noticia la represión de la que fue víctima un grupo de manifestantes, cerca de la sede del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA).
La manifestación, presentada en algunos medios como un enfrentamiento entre sectores del Frente de Todos, tiene un fondo mucho más complejo. Más allá del reclamo, relacionado con cuestiones del sector y la política desplegada por su -hoy- expresidente Luis Puenzo, pueden deducirse intereses ocultos en su actuación.
Es lógico suponer que la cultura, dentro del capitalismo, del liberalismo, del neoliberalismo o como le quieran llamar, es un negocio más. Pero a la par del negocio viene, por lo menos, un interés relacionado con el control y dominio de las necesidades de consumo de la población.
Y ese es un tema que en los setenta solía llamarse penetración o invasión cultural. Para no entrar en detalles, y en una definición muy básica, la cultura tiene que ver con las tradiciones y costumbres de un pueblo. Y éstas se ven transmitidas, comunicadas, compartidas en las últimas décadas a través de los medios masivos de difusión, entre los que se encuentra el cine.
Volviendo a la protesta reprimida en Capital Federal por la policía de ese lugar, la misma tenía que ver, como dijimos, con la oposición a la política del sector implementada por Puenzo. Entre otros tantos temas de fondo, el cineasta en su período mantuvo una reunión con el estadounidense director ejecutivo de Netflix, Reed Hastings (año 2020). Esa reunión junto a la no participación para la misma época, del Incaa en el festival de cine de Berlín (Berlinale) muestra toda un tendencia de gestión.
Se le suma que el exdirector presentó un borrador de decreto para modificar el plan de fomento del cine (de esto hace unos días). Ese proyecto no fue consultado con el Consejo Asesor de la institución, cuestión que debió hacerse por ley. Y no es casualidad que ese borrador se presente este 2022, cuando en diciembre vence un decreto del macrismo de 2017 que hará caducar ese fondo de fomento (elemento para recaudar y financiar el cine nacional). Las críticas al proyecto de Puenzo tienen que ver con la manera en que se distribuiría el dinero recaudado, pero también con el poco interés por la lucha para que el decreto macrista no surta efecto y el fondo no caduque.
Y claramente el interés de Netflix, uno de los tantos brazos culturales de EEUU, no solo tiene que ver con el negocio sino con imponer monopólicamente su “producto” (palabra fea si las hay para hablar en cultura). Un cine violento, vacío y con poco contenido humano (solo honrosas excepciones), que apunta a imponer las costumbres y tradiciones de otros pagos. Por ejemplo, el tan tristemente célebre haloween (que hoy se “conmemora” en muchas escuelas del país, sin cuestionarse su origen).
Y todo esto puede relacionarse, también, con alguna política cultural local: cierre del Teatro por varios años, desvío de fondos provinciales destinados, entre otros, para los Espacios Culturales Independientes (ECI), etc. La municipalidad local, en los últimos años, se ha destacado en direccionar la cultura a un fin comercial para que sea un negocio rentable.
Finalmente, podemos decir que luego o a la par de las dictaduras que borraron en gran parte una conciencia emancipadora, de independencia, vino el cierre de la conquista con la invasión cultural. Pero lo que más preocupa de esto no es sólo la existencia de lacayos de los invasores, sino que al decir de Paulo Freire: “cuando más se acentúa la invasión, alienando el ser de la cultura de los invadidos, mayor es el deseo de éstos por parecerse a aquéllos: andar como aquéllos, vestir a su manera, hablar a su modo…”