Preocupación en las Islas Malvinas por el coronavirus y su fuerte impacto en la demanda de lana

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Tras la llegada de del coronavirus a las Islas Malvinas, donde ya se detectaron 5 infectados, la crisis económica producto de la pandemia impacta con fuerza en las islas: los precios de la lana se han desplomado entre un 40 y 50% por debajo de los niveles de principios de 2019, causando preocupación en los productores de las islas..

Efectivamente, alrededor de un 70% de la producción 2019/20 de lana malvinense aún no se ha vendido a pesar de que solo entre marzo de 2019 al mismo mes de este año cayó entre el 20 y el 30%. Con la pandemia, la situación se agravó fuertemente.

Los habitantes de las Islas Malvinas atribuyen la caída de los precios a diversos factores, entre los que predominan el Brexit, la guerra comercial entre China y Estados Unidos, y por supuesto, el parate económico producto de la pandemia del COVID-19.

Desde el gobierno colonial de las Islas Malvinas argumentan que están desarrollando “medidas específicas del sector” con la finalidad de ayudar a las empresas y se muestran “optimista sobre las perspectivas a mediano y largo plazo para la industria ovina y de la lana”. Para ello, esperan una fuerte inversión del gobierno de Gran Bretaña para para el sector.

Según Robert Hall, de “Falklands Woolgrowers” , la temporada 2019/2020 tuvo precios más bajos a partir de 2019 como resultado de la caída de la demanda de China y que hasta el 11 de marzo, cuando la Organización Mundial de la Salud declaró pandemia al coronavirus, los precios de habían sido similares a temporadas recientes.

Además, las condiciones “se volvieron inimaginablemente peores a partir de marzo de 2020 cuando el COVID-19 forzó el cierre del sector minorista de moda y textil, resultando en que la demanda de fibra a lo largo de la cadena de fabricación frenó abruptamente. Las fábricas de toda Europa están en un bloqueo prolongado.”

Además, cabe destacar que la industria en Nueva Zelanda y Sudáfrica está cerrada y los fabricantes en el Reino Unido y Europa también frenaron la producción.

“Las pocas fábricas que aún funcionan actualmente procesan las existencias existentes mientras pueden. Ninguno está comprando lana actualmente; ninguno está vendiendo productos, sin embargo, este es el momento en que los fabricantes normalmente deberían estar ocupados procesando nuevos pedidos para el próximo invierno del norte. Las empresas textiles y los minoristas de moda han cerrado sus tiendas en todo el mundo”.

 

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