La muerte de un hombre en la plaza del Algarrobo y su carta de despedida hablando de angustias económicas y problemas de salud obligan a mirar más allá y preguntarse: cómo es la situación de la salud mental en Bahía Blanca y Argentina en un modelo económico que empuja a la deuda a millones de familias.
Este lunes por la mañana una persona fue encontrada sin vida en la plaza del Algarrobo, en calle Parchappe al 1.000. A partir de dos llamados al 911 se movilizaron efectivos policiales y personal de Defensa Civil, que constataron que se trataba de un hombre de 52 años. Murió por un disparo en la cabeza.
Junto a su cuerpo encontraron dos armas calibre .22, dos blísteres de medicamentos y una carta de despedida entre sus ropas, lo que (sumado al análisis de cámaras y a las pericias de la policía científica) alimentó la hipótesis de un suicidio. En su escrito, el hombre hacía referencia a un fuerte agobio por problemas económicos y a dificultades relacionadas con su estado de salud.
No es habitual que estos hechos lleguen a los medios de comunicación. Generalmente se evita hablar de ellos bajo la suposición de que comunicarlos podría provocar un efecto contagio, pero tampoco parece sana la costumbre de invisibilizar los suicidios. Por eso vale la pena ir más allá de este caso puntual y hablar de la situación de la ciudad, del país y de la economía, que de algún modo se condensan en lo ocurrido esta semana.
Estado presente, Estado ausente
A nivel local, los números muestran una tendencia distinta a la que podría suponerse. A fines de julio se presentó el informe correspondiente al período 2025, y la tasa de suicidios en Bahía Blanca bajó de 10 a 7,5 casos cada 100.000 habitantes entre 2023 y 2025.
Al difundir los datos, el intendente Federico Susbielles destacó esa reducción del 25% y el trabajo del Programa Integral de Salud Mental que lleva adelante el municipio: equipos territoriales, el plan “Hablemos”, campañas de concientización sobre las apuestas y la inauguración de la Unidad de Residencia para el Abordaje de Salud Mental y Consumos Problemáticos del Hospital Penna.
Los datos sorprenden justamente porque a nivel nacional el panorama es el opuesto. En 2025 la tasa de suicidios fue de 11,8 casos cada 100.000 habitantes, un salto notable respecto del 9,7 registrado en 2024 (un aumento de más del 20%).
La tasa venía creciendo desde hace tiempo, con picos y valles, pero no se había registrado un incremento tan pronunciado en un solo año. Argentina se ubica hoy por encima del promedio mundial que marca la Organización Mundial de la Salud, de 9,1.
Es la cifra más alta desde que existe registro y triplica a los homicidios dolosos ocurridos en el mismo período. De hecho, el número de suicidios a nivel nacional equivale a la suma de las víctimas de accidentes de tránsito y de homicidios dolosos.
La problemática es, vale aclararlo, multicausal. Pero no ayuda que el gobierno de Javier Milei haya impulsado un ajuste sin precedentes en los programas de Salud Mental, cuyo financiamiento cayó más de un 40% entre 2023 y 2025, hasta su nivel más bajo en una década. Este año está proyectado destinar a salud mental el 1,42% del presupuesto total de salud, contra el 2,66% de 2023.
La muestra más concreta del recorte es el programa “Apoyo y promoción de la salud mental” (la única línea del Ministerio de Salud con la finalidad específica de implementar la ley de salud mental), que sufrió un recorte del 98% y quedó prácticamente eliminado.
Un sistema que empuja a la deuda
Hablar de multicausalidad implica también reconocer la situación social en la que ocurren estos hechos, y resulta difícil no ver la relación entre la situación económica y la salud mental. El caso de Bahía Blanca es una muestra concreta, pero más allá de los casos individuales, los estudios disponibles dan cuenta de una crisis de deuda que atraviesa a la sociedad argentina.
El “Monitor mensual de crédito a las familias”, elaborado por la Universidad Austral y la consultora EcoGo, indica que la mora total del crédito a personas se quintuplicó en los últimos 18 meses: pasó de afectar al 2,5% de los hogares al 12,8% en menos de dos años, dentro del sistema bancario tradicional.
El deterioro es todavía mayor fuera de los bancos: entre los proveedores no financieros de crédito (fintech, tarjetas no bancarias, casas de electrodomésticos, entre otros) los atrasos mayores a tres meses alcanzan casi un tercio del total.
Ante ese panorama, el Gobierno nacional insiste en que se trata de un “tema entre privados” y descartó ofrecer algún tipo de programa o ayuda. El vocero Adrián Ravier llegó a decir que el problema es que mucha gente no sabe manejar la plata y por eso se endeuda, apelando a la idea de que las familias se están sobreendeudando por encima de sus posibilidades.
Sin embargo, casi dos de cada tres nuevos morosos dejaron de pagar sin que sus obligaciones hubieran aumentado de manera extraordinaria, un dato que apunta a la pérdida de capacidad de pago como uno de los principales factores detrás del fenómeno. Al sumar los gastos fijos, una familia promedio tiene comprometido casi el 50% de sus ingresos propios.
En última instancia, es complicado no ver la relación entre el empeoramiento de la situación económica y los problemas crecientes de salud mental, atravesado por un gobierno que decidió replegarse por completo. No por alguna incapacidad en cuanto a recursos, sino porque su modelo y su ideal de gobierno está en contra de un Estado presente.
El Estado presente… De Donald Trump
Mientras el Estado argentino elige no intervenir en la deuda de las familias, otro Estado sí hace sentir su presencia con fuerza. La otra noticia de la semana es que el embajador estadounidense Peter Lamelas se presentó en el AmCham Energy Forum 2026, encuentro que reúne a empresarios del sector energético y funcionarios.
Ante ellos, no ocultó sus intenciones de presionar tanto al sector empresario como al propio gobierno argentino para que no cierren acuerdos con empresas chinas, argumentando que hacerlo podría ser un obstáculo para la llegada de capitales extranjeros a Vaca Muerta.
Lamelas enmarcó el mensaje (que suena casi como una amenaza) en una supuesta preocupación por la seguridad de los datos de las empresas estadounidenses, apoyado en la idea de que China exige a sus compañías darle al Estado acceso a cualquier dato que circule por su tecnología y sus redes de inteligencia artificial.
Resulta llamativo que plantee esto cuando Estados Unidos cuenta con marcos legales propios, como el CLOUD Act, y con programas de vigilancia de sus agencias de inteligencia que le permiten acceder a datos que circulan por redes y empresas tecnológicas estadounidenses, un punto que el embajador no mencionó.
La empresa de vigilancia Palantir, por caso, trabaja codo a codo con la armada estadounidense. Lo que queda claro es que Vaca Muerta se convirtió en un activo de interés para Washington y que a la Casa Blanca le preocupa que el desarrollo tecnológico chino desplace a sus jugadores.
Lo del AmCham Forum es sutil si se lo compara con lo ocurrido con la Cooperativa CALF, de Neuquén, que recibió una apretada de la embajada por negociar con la empresa Huawei. Sus dirigentes denunciaron que desde la sede diplomática norteamericana les pidieron dar de baja los acuerdos con la compañía china, con la amenaza de quitarles las visas.
Como era de esperar, el episodio recibió una dura respuesta de la embajada china en Argentina, que acusó a Washington de agitar la idea de la “amenaza china” para obstaculizar acuerdos de libre mercado.
El gobierno de Javier Milei optó por no decir absolutamente nada, y cuando las autoridades de CALF expusieron la situación en la Comisión de Asuntos Cooperativos de la Cámara de Diputados, los legisladores libertarios abandonaron el recinto.
La estrategia de Javier Milei
Estos episodios son apenas la punta del iceberg de la intromisión estadounidense en la defensa de sus intereses en suelo argentino, y muestran cómo el alineamiento automático con la Casa Blanca tuvo más peso para el presidente que el libre mercado que dice militar.
La situación no responde tanto a que Argentina ocupe un lugar central en la estrategia geopolítica de Washington, sino a la cruzada contra la tecnología de 5G china, que llevó al gobierno norteamericano a presionar a todos sus aliados para marginar a Huawei de sus redes.
Hace unos años ocurrió algo similar con Gran Bretaña, que había habilitado la participación de la empresa china en su red y luego debió dar marcha atrás por las presiones estadounidenses. Estados Unidos ni siquiera disimula su cacería contra la tecnología china, y sus argumentos son cada vez más contradictorios.
El propio Lamelas se preguntó esta semana por qué en uno de los países más capitalistas y libres del mundo no se pueden comprar ni vender equipos de empresas chinas. Es una buena pregunta para hacerse: ¿por qué el libre mercado de repente deja de ser un mandato justo cuando Estados Unidos pierde la hegemonía tecnológica?
Lo alarmante es que el gobierno argentino decidió encadenarse a una potencia mundial en franco repliegue, y una muestra de eso es la creciente violencia con la que defiende sus intereses frente al avance de potencias no alineadas, como China.
No es la primera vez que ocurre, y la pregunta que queda planteada es hasta qué punto Milei va a defender la injerencia de un país extranjero como Estados Unidos para “defender” a Argentina de la injerencia de un país extranjero como China. Hasta ahora, no ha marcado ningún límite.