Sebastián Schulz: "Las empresas transnacionales le están torciendo la mano al presidente norteamericano"

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Sebastian Schulz
El Ágora 2026: el gran Reset
Sebastián Schulz: "Las empresas transnacionales le están torciendo la mano al presidente norteamericano"
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Sebastián Schulz dialogó con Juani Guarino en El Ágora 2026 sobre el viaje de Donald Trump a China, la guerra comercial, el rol de la inteligencia artificial en la disputa hegemónica y el lugar de América Latina —y la Argentina en particular— en este reordenamiento global.

Un encuentro que no podía esperar más

El viaje de Trump a China se produjo en un contexto de tensiones acumuladas: aranceles, guerra comercial y el impacto del conflicto en Irán sobre el suministro energético. Para Schulz, la reunión era inevitable dada la magnitud de la transición hegemónica en curso.

“Estamos hablando de que, en el nivel de transición hegemónica que atraviesa el sistema mundial, los dos polos de esa contradicción —Estados Unidos como el referente del norte global y China como el gran articulador del sur global— en algún momento iban a tener que sentarse a negociar.”

Sin embargo, el momento elegido no fue el más favorable para Washington. Según Schulz, la Casa Blanca esperaba salir fortalecida del conflicto con Irán para negociar desde una posición de fuerza, algo que no ocurrió.

“Estados Unidos pospuso la reunión porque estaba esperando salir victorioso de la guerra en Irán, imponiendo condiciones y cortando el suministro energético a China, lo que le hubiese permitido pararse desde otro lugar; algo que finalmente no pasó.”

En ese escenario, Trump llegó a la mesa “casi que pidiendo por favor que China abra sus mercados a las grandes corporaciones norteamericanas”, mientras Pekín exigía compromisos con la estabilidad internacional y el cese de políticas injerencistas.

Taiwán: la línea roja de China

Durante la cumbre bilateral también se abordó la cuestión de Taiwán, que Schulz ubica en el centro de la agenda estratégica china para las próximas décadas. China aspira a completar su reunificación nacional antes de su segundo centenario, y la isla —gobernada por un partido que plantea la posibilidad de independencia— representa el principal punto de tensión.

“China pide una reunificación pacífica porque una guerra a 40 km de su territorio continental más productivo sería catastrófica, pero afirma que si avanzan las posiciones de independencia apoyadas por Estados Unidos, no le quedará otra opción que la intervención militar.”

En este contexto, Schulz considera que China ve condiciones favorables para presionar: “Hay condiciones de posibilidad, en este contexto de debilidad estratégica de Estados Unidos, de avanzar con las presiones para que cese con su apoyo económico y militar a la isla.”

La paradoja del comercio bilateral

Uno de los pasajes más ilustrativos de la entrevista giró en torno al flujo comercial entre ambas potencias. Schulz señala que la relación es más compleja de lo que parece: muchos productos que se contabilizan como exportaciones chinas en realidad son fabricados por empresas estadounidenses.

“Apple fabrica allí para después vender en Estados Unidos, por lo que ese cargamento sale con bandera china y computa como déficit comercial para Estados Unidos, aunque adentro tenga teléfonos Apple o coches de Tesla.”

Esta realidad contradice el discurso del “Make America Great Again”. Schulz lo resume con una contradicción concreta:

“Trump en 2025 dijo que alentar a las empresas estadounidenses a invertir en China fue un grave error y ahora, seis meses después, está llevando a 20 CEOs a invertir en China, promocionando la deslocalización que el ‘Make America Great Again’ prometió revertir.”

La explicación, según el analista, tiene que ver con la presión de las grandes corporaciones transnacionales:

“Las empresas transnacionales le están torciendo la mano al presidente norteamericano y Trump, para no perder definitivamente su apoyo, está teniendo que ceder y fortalecer la proyección externa de estas mismas empresas.”

La inteligencia artificial como campo de batalla

La irrupción de DeepSeek como competidor de OpenAI y otras empresas occidentales de inteligencia artificial abrió una nueva dimensión en la disputa tecnológica. Para Schulz, la diferencia no es solo de rendimiento sino de modelo de desarrollo.

“En Occidente vinculamos la IA a lo generativo —ChatGPT, Gemini—, que son empresas de servicios desconectadas de la economía real. En China, empresas como BYD, Huawei o Xiaomi están desarrollando IA aplicada a la producción industrial y la siderurgia.”

A eso se suma una ventaja estructural: China cuenta con 800 millones de usuarios de smartphones frente a los 250 millones de Estados Unidos, lo que acelera el desarrollo de sus sistemas de inteligencia artificial.

“Mientras en Occidente vemos cómo alcanzar a China en el 5G, China ya desarrolla tecnologías de sexta generación (6G).” El caso de la industria automotriz también es elocuente: Schulz cita al CEO de Ford, quien afirmó que visitar las automotrices chinas “es humillante para la industria norteamericana porque no hay posibilidad de ganar contra la integración planificada por el Estado entre el sector productivo y la inteligencia artificial”.

América Latina en disputa

“Estados Unidos se arroga el derecho de influencia sobre todo el continente mediante la Doctrina Monroe, negando la diversidad de civilizaciones e imponiendo su modelo de capitalismo y democracia liberal. China, en cambio, propone principios de coexistencia pacífica y respeto por los modelos de desarrollo de cada país.”

El ejemplo más citado es el de BYD en Brasil: mientras en Argentina el relato oficial advertía sobre el impacto destructivo de los autos eléctricos chinos, Lula optó por negociar su radicación productiva. “Hoy BYD tiene su fábrica más grande fuera de China en Brasil, empleando trabajadores brasileños.”

Argentina: economía con China, política con Estados Unidos

El vínculo de la Argentina con China bajo la gestión de Javier Milei presenta una tensión que Schulz describe con precisión. El presidente llegó al poder con un discurso crítico de Pekín, pero la realidad económica impuso matices.

“El peso de la economía china en Argentina es indudable: si cortas la relación, destruyes industrias nacionales que dependen de sus insumos y afectas al complejo agroexportador sojero y de carne.”

Sin embargo, existe una línea clara de veto político:

“Lo que está vetado por Estados Unidos y aceptado de forma acrítica por Milei es la relación política y estratégica en infraestructura sensible: China no puede participar en energía nuclear, en la construcción de puertos en Río Grande, en la hidrovía ni en la estación espacial.”

Sobre la base espacial en Neuquén, Schulz desmonta el relato del espionaje militar:

“No hay posibilidad de que China realice operaciones militares o de espionaje debido a cláusulas puestas incluso por Mauricio Macri y porque la capacidad de esos telescopios es para la investigación del espacio lejano. Es una estación similar a la que tiene la Unión Europea en Malargüe.”

La Nueva Ruta de la Seda y la cuestión universitaria

Frente a las comparaciones con el colonialismo clásico, Schulz traza una distinción de fondo: “Los británicos imponían el trazado del ferrocarril para llevarse los recursos a cajón cerrado. China pregunta primero: ‘¿Qué necesitan?’.” Aun así, reconoce que algunos proyectos —como el Belgrano Cargas— favorecen la reprimarización, aunque señala que “esos proyectos fueron propuestos por el propio gobierno argentino”.

Para cerrar, la conversación llegó al sistema universitario. Schulz señala el caso chino como referencia: “Desde los años 80, China definió la ciencia como pilar de la modernización y hoy sus universidades están entre las más importantes del mundo.”

Y sobre la Argentina, plantea la discusión en términos políticos: “La discusión sobre el financiamiento universitario es una discusión política que hace al proyecto de país que queremos para los próximos años.”

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