En la gobernación de Buenos Aires están todos con los nervios de punta. Ya las últimas elecciones arrojaban que, de no cambiar los números, perderían la provincia en octubre.
El fallido intento de incorporar apoyos para Vidal a través de listas espejos que acompañen las boletas de Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y Roberto Lavagna debilitó incluso más a la gobernadora, exponiendo su necesidad de alguna “alquimia” electoral.
El analista Federico Aurelio, de Aresco, afirmó ayer en el programa de Gustavo Sylvestre que Kicillof gana por 10 puntos en la provincia de Buenos Aires. “Vidal tiene dos problemas muy serios: Mauricio Macri que la tira para atrás y los intendentes peronistas que suman para Kicillof” manifestó y explicó que Axel recibe los votos de Cristina, mientras que la presencia de Magario como candidata a vice, asegura el nexo con La Matanza y con los intendentes.
En 2015, Vidal logró superar por 4 puntos a Aníbal Fernández, pero Felipe Solá compitió por el Frente Renovador y obtuvo 20 puntos. Hoy, sin otra propuesta peronista en el cuarto oscuro, y sabiendo que Vidal ha perdido imagen en Provincia, se enfrenta a una situación mucho más compleja.
Axel por su parte, tras su paso por el anterior gobierno y estos casi 4 años como diputado, sigue viviendo en la misma casa y todavía no ha recibido una sola denuncia por corrupción. Es un militante incansable desde el primer momento y hoy recorre la provincia en un viejo Clio, con amigos y compañeros que lo apoyan.
Tanto él como su compañera de fórmula, Verónica Magario, conocen el desastre económico y social de la provincia: deuda en dólares, deblace en la infraestructura escolar, hospitales desfinanciados, policía amante del gatillo fácil y un cementerio de PyMEs cerradas, desocupación y hambre en los conglomerados urbanos.